jueves, 20 de julio de 2017

Salmo contemporaneo


A veces pienso qué pasaría si me faltaras Tú, si mi piso se deshiciera, si una cruel enfermedad avanzara sobra mí. Si me quedara sin empleo, sin atedimiento médico, si los bancos cayeran sobre mí como aves de rapiña. Si todas las seguridades que me sustentan desaparecieran de una vez. Sería la encarnación del santo Job: sólo, desolado, enfermo y angustiado. ¿Tendría yo el valor para la entrega final? ¿Mis dudas se disolverían en la piedad del Ser? Y si Tú me enviaras a predicar en medio de las plagas del cólera, del ébola, del HIV, en el África meridional ¿tendría la fuerza y la paz para no revelarme contra la vida? ¿Abrazaría la existencia sin expectativas y reclamaciones? ¿Te negaría tres veces? En dónde estará mi refugio y fortaleza? ¿Dónde terminan mis miedos y temores? ¿Por qué estas preguntas me hacen sentir tan cerca de lo eterno y, sobre todo, lejos de lo falso y lo corrupto? Creo que en medio de la incerteza está la pista (Tú merodiando en mí y yo testigo de mí mismo) Y este tránsito andariego y solitario debe ser la silenciosa fe de los profetas. 

(Brasilia, julio de 2017)