ingenieros deberían ser más inspirados
e inventar vehículos más rápidos
ágiles como la malicia de un bribón
seguros como la impunidad de un político
que se propaguen como el fotón
que arriben más rápido que una mala noticia
que sean contundentes como una vieja canción
que lleguen tan justos como la sensación
–producida por una buena caricia–
(Brasilia, junio de 2013)