...digo, dentro de mí
lunes, 4 de junio de 2012
MuSicus sCrutAtor
...digo, dentro de mí
lunes, 23 de abril de 2012
Fragmentos
pinturas
frases
eslogans
colores
Acuerdos
símbolos
sílabas
fonemas
sintagmas
sonidos
tonos
Recuerdos
acordes
puntos
ilusiones
abstracciones
fragmentos
Ser-cuerdo
yendo
reabriendo
desapareceriendo
De-acuerdo
(Brasilia, abril de 2012)
lunes, 2 de abril de 2012
Autoperpetuandose
domingo, 1 de abril de 2012
John Cage y poesía
domingo, 4 de septiembre de 2011
Pasantía
–en vida simple–
a pasos enlazados
rastros asimétricos
ritmo casi-cadenciado.
toco tu piel con cinco:
–dedos alargados–
–bien semi-arpegiados–
un toque atrás de otro
comenzando con el más grave
terminando con el más fino
continuando de otro lado
así como se oculta el sol
en el hemisferio opuesto
...a cada amanecer:
cuando sientes la aurora
y ves algo de humedad
en una hierba matinal
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(Brasilia agosto de 2011)
domingo, 10 de julio de 2011
Corazón y vida
(a Facundo Cabral)
dime qué quieres traspasar ahora corazón
para ponerlo en papeles hechos de pétalos
de flores salvajes –recogidas en tu sinuoso
caminar por este raro laberinto, cuyo final
se pierde en el crepúsculo de una tarde ida
dime que sientes y persigues ahora corazón
para escribirlo en el libro de expectaciones
–hecho in situ de crepúsculos de feroces tardes
de este enredo, cuyo comienzo se promueve
en el albor claro de una mañana desaparecida
dime que extrañas y añoras ahora corazón:
el canto fuerte del artista errante, de palpitar
sinuoso y sincopado, grabado sobre dóciles
pétalos de rosas –escrito con sangre de la vida
(diluyéndose en una noche pródiga y estelar)
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(Brasilia, junio de 2011)
viernes, 24 de junio de 2011
Poema antibucólico
I
No me digan que me quede inerte, pues causa y efecto me son imprescindibles para comprender el mundo. Fisgo el viento que balancea las ramas de un guayacán erguido en el campo: el viento mueve sus ramas en movimientos fortuitos e indefinidos. Paréceme que tienen vida propia, que el movimiento les es intrínseco, que brota mismo –dentro de ellas. Ahora me parece que las ramas conversan entre si y con otras ramas de otros árboles contiguos. Si no supiera lo del tal viento juzgaría que están todas ellas jugando y conversando. Conociendo el viento y sus efectos puedo inferir la causa como externa.
II
El viento tiene la causa, el árbol tiene sus motivos (para moverse): su rigidez propia, su geometría, su sustentación sobre el piso –dada por la profundidad y por la fuerza heroica de sus raíces. Me gustaría tanto ver las raíces de ese árbol … de estar junto a ellas, acompañándolas en su movimiento lento para adentro, escrutando palmo a palmo cada partícula de tierra, buscando el sustento microscópico, sin desespero –con que paciencia y fortaleza. Paréceme que su sabiduría se resume en eso: paciencia, fuerza y la percepción inflexible de que todo fin envuelve ir, anónima y solitariamente, hacia el fondo. Todo me parecería pacífico y sereno si no supiera que detrás de toda búsqueda hay algo de angustia sempiterna.
III
Mas el árbol se mueve, aún sin el viento… El movimiento del árbol sin viento es supremamente lento, casi inanimado, sólo percibo que toda calma es aparente, todo es velocidad, de algo que se mueve inexorablemente: las ramas crecen, las raíces se ahondan. Sobre ese tenso movimiento, imperceptiblemente están montados los movimientos producidos por el viento y por la condición del árbol. Otro árbol baila al lado ante mis ojos de manera diferente, el viento choca con sus ramas cambiando así la condición del viento. Ahora el viento será diferente cuando llegue a otras ramas, a otro árbol. Todo esto me parecería festivo y alucinante si no supiera que detrás de todo juego hay aprendizaje –y olvido de alguna angustia perenne y huidiza.
IV
Qué deseo interminable el de las ramas:
de brincar para arriba. Qué deseo inexorable:
de las raíces ir voluntariamente para adentro.
Qué deseos tensos, qué designios enteros
y contrapuestos sustentan su estructura!
Todo me parecería pacífico si no supiera ahora
que detrás de todo deseo hay algo de algún
matiz indefinido, misterioso: de angustia duradera.
V
Causa y efecto persistentes, ahora percibo en el árbol dos nuevos movimientos: sus partes deteriorándose y sus semillas evocando el nacimiento. Si todos los otros movimientos, con sus velocidades y posiciones –perceptiblemente volubles– cesaren resta entonces el nacimiento como respuesta al deterioro. Todo esto me parecería serenamente pastoril si no supiera que detrás de todo nacimiento hay también algo de angustiante búsqueda –de quieta angustia perdurable.
VI
No me digan que me quede quieto!
pues detrás de toda angustia hay siempre un movimiento.
Díganme que me quite la angustia desde adentro,
en el silencio de una pausa de un poema duradero,
en la experiencia de una mano amiga, de un toque furtivo,
de un fisgar en una pintura, en algún libraco,
del Combatente Téméraire de Turner,
en un confronto con la Niña en Azul de Modigliani,
en la eschucha de una sonata de Scarlatti
(K 87 en Si menor tocada por Horowitz)
en la vivencia de un mantra sagrado y oriental,
en el bálsamo de una promesa amiga y leal.
En el olvido de una historia errante –que retorna
asiduamente siempre en mi cabeza,
en la omisión de un vaticinio de mal agüero:
aquel del que hizo caso omiso Aníbal en la batalla de Cannas
y cuyo facto puso a Roma casi de rodillas.
Díganme que me quite la angustia en la lectura
cuasi-silenciosa de un verso de Mario Quintana,
de Keats, de Donne, de Murilo Mendes, de León de Greiff,
de un trecho del cantar de los cantares,
en la evocación del sermón de la montaña
o en el desprecio de Aníbal por la victoria
(que fue su ruina y salvación provisoria de Roma).
Díganme que trascienda todo amanecer
y todo anochecer transitorios, evocados en mil gestas:
en una victoria y en un amorío de Bolívar,
en una escaramuza de Orde Wingate, de Genghis Khan,
en un grito gay de Ginsberg, de Gore Vidal,
en la desilusión política de Italo Calvino,
en la mirada de Elsbeth Tucher –retratada por Dürer,
en las lágrimas del apóstol Pedro captadas por el Greco,
en la perspicacia de que toda lucha es temporaria
y todo descanso efímero y perecedero.
Sólo díganme que me quede quieto
si tengo tu Presencia íntegra y gentil:
aquella mirada vigilante, cómplice y total.
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(Brasília, junio de 2011)
sábado, 18 de junio de 2011
Esa lágrima y Cora Coralina
(a Cora Coralina, poetisa brasilera)
Un verso de Cora Coralina,
coral húmedo, coral fuerte:
“vive dentro de mim
uma cabocla velha
de mau-olhado
acocorada ao pé do boralho,
olhando para o fogo...
Vive dentro de mim
a lavandeira do rio vermelho
Seu cheiro gostoso
d’agua e sabão…”
Una lágrima de Cora Coralina
coral fuerte, coral húmedo:
nao fluctuante, nau impávida
lágrima objeto ... en el agua,
barcaza que navega en el alma
ese pasajero itinerante –lento,
casi fijo en tu rostro, errante
al garete, nadando en el caldo etéreo
de tus lágrimas cálidas: sal
fricción, roce, piel y desliz.
Tibio mar, barcarola deslizante
al agua errante –al garete:
mar, esa agua, ese lago,
esa lágrima… esa salobre
desnudez del alma.
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(Brasilia, junio 2011)
domingo, 12 de junio de 2011
Roces y palabras (variaciones sobre un tema de Octavio Paz)
I
De la misma forma que la fricción permite implementar el freno sobre una superficie, la misma impide el desliz libre y sin tropiezos.
II
La fricción de la palabra en un verso alejandrino:
la rima acentuada, la métrica, el ritmo, el transcurso…
la palabra no dicha –un mar de pausas y de lapsos.
Parar cuando se quiere, andar sin trabamientos,
sólo el poema sabe parar el alma donde quiere
(y se resbala en ella por doquier y con sigilo)
El poeta coloca el ritmo como puede:
las palabras son señales, punteros vagos de un reloj
que marcan el tiempo – en un lugar cualquiera.
Ahora tu mirada me revela en un instante:
las palabras se detienen, las pausas se deslizan
(...aquí verso y sentido nacen libres)
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(Brasilia, junio de 2011)
