jueves, 19 de agosto de 2021

Poesía y mito

En lo individual podemos colocar las dos citas de Günter Blöcker sobre la tragedia: «Hay que haber sido derrotado y destrozado por la vida antes de poder escribir sobre ella», de Virginia Wolf; o la versión equivalente de Joseph Conrad: «La poesía es conocer el ser en el fracaso». En lo social podemos verificar el mismo sentido trágico en la elaboración del mito: una narrativa del héroe fracasado, en donde éste es solo la personificación de lo social. En el universo individual producimos poesía a partir de la derrota, y el sacrificio  subsecuente —tal vez el suicidio—  es la obra artística. En el contexto social, el sacrificio se sublima en la formulación del mito, que es atemporal (como lo afirma O. Spengler), otra forma de parar el tiempo, de parir eternidad.

(Carlos Humberto Llanos)

viernes, 13 de agosto de 2021

Poesía haciendo


«Las palabras fueron inventadas para explicar el mundo. Sin embargo, hacemos poesía con palabras; o sea, queremos explicar lo inexplicable con un texto. Así, en el poema, las palabras son pre-textos que generan pos-textos en el lector en la forma de vivencia, de comprensión, que escapan al orden intelectual»


(Brasilia, agosto de 2021)

miércoles, 11 de agosto de 2021

Disquisiciones sobre encomiendas, en Mi sostenido menor


«Le encomendamos el concepto de vida a los biólogos y hasta ahora no han hecho nada, a no ser dejarlo como una especialidad de la química orgánica. Por eso no podemos entender si el planeta es un ser vivo o no, algo que cualquier campesino comprende a cabalidad».

«Le encomendamos el sentido de humanidad a los humanistas y dejaron por fuera a los animales, lo que nos da el derecho de matarlos y torturarlos sin temblarnos la mano».

(Brasilia, julio de 2021)

jueves, 24 de junio de 2021

Un peldaño para habitar (cuento)


Casi yendo para casa, mi mamá me espera para almorzar. No sé si la llamo para avisarle que no me siento bien, o darle alguna excusa. Alguna vez leí a Borges y asistí a las películas de los hermanos(as) Wachowski, pero nunca imaginé que esto pudiera ocurrir conmigo, y continúa pasando, pues veo aún ese espacio en espiral sin paredes en donde cuadros, puertas o ventanas  puedan ser colgados. Ahora todo se parece a un caracol algo retorcido, tal vez yo continúo torcido por el procedimiento que Jairo ejecutó.
    Y es que nuestro amigo biólogo (Julio) inventó un fluido que, según su descripción, consigue llevar la información del código genético para el área de la memoria del cerebro, en el córtex cerebral. Yo había leído algunas hipótesis sobre la doble hélice y su codificación. Me encantaba leer sobre las teorías de Claude Shannon en las que veía una conexión entre cantidad de información, probabilidad y el desorden. También me imaginaba que el tema de la memoria sería fundamental para explicar algo sobre aquel argumento que me creó como sujeto (esta última frase está ligada a un credo que había llegado a sugerir sobre mí mismo).
    Por eso cuando recibí la propuesta, creada por un arquitecto y un estudioso de las neuronas, no tuve dudas para someterme a un experimento pues veía una mezcla de arte y ciencia en sus orígenes.
    Quiero contar ahora lo que pasó; ya no tengo tanto pavor ni exaltación por lo que viví, solo me parece oportuno escribirlo como un relato, después explico por qué, si me es posible: mis amigos me esperaban en una casona del parque Las Delicias a las 5:30 de una tarde lluviosa; noté que los vendedores ambulantes se habían ido, y ese respirar habitual con olor a polvo y humedad se hacía más fuerte. No puedo decir que hubo algún tipo de ritual, pues todos teníamos prisa para cumplir otros compromisos. Diría que sabíamos que cualquier litúrgica necesaria para el caso estaría cubierta por nuestra amistad.
    No sabría decir si Julio tenía mayores informaciones sobre el procedimiento que había creado, o si contaba con alguna experiencia personal sobre lo que harían conmigo. No voy a explicar detalles de cómo fue hecho el proceso, pues gran parte de los pormenores estaba en sigilo y ni yo lo sabía con precisión. Me dijeron que una vez que entrara en la práctica tendría que descubrir algún procedimiento para abrir la información. Me imaginé que sería algún tipo de llave criptográfica lo que me parecía muy obvio, pues esto aparece en todas las ficciones similares. Así que comencé a entrar en el ejercicio, imaginé que habría puertas, ventanas, portales y todas esas cosas que aparecen en la literatura esotérica y de autoayuda.
    Poco a poco una sensación de silencio se fue posando en mí. Me sentí sólo en un desierto y comencé a buscar algún lugar que me permitiera mirar a lo lejos. Tuve la idea de que tal vez sería el caso de verificar si tuviese que usar alguna llave para abrir alguna puerta que no conseguía visualizar. Pensé que si no había puerta tampoco habría cerradura; pero escuché la voz de Jairo insinuando para preguntar algo: «pregunta si hay llave» —dijo. Obviamente que hacer tal pregunta implicaría tener un sujeto receptivo y presente, pensé. Sin embargo, algo en el lado derecho de mi pecho vibró y coloqué mi mano sobre el lugar. Súbitamente caí al suelo, mis rodillas se doblaron y a partir de allí la experiencia se profundizó, y algo de comprensión me dijo que era una reverencia lo que se me solicitaba, como tiquete de entrada.
    Comprendí que no había que pedir permiso para obtener una información que era yo mismo, sólo tenía que estar atento y deshacerme de algunos pesos que cargaba sobre la espalda. Miré fijamente y verifiqué que todo era una espiral, llena de peldaños minúsculos que se entrelazaban, y las dos hélices de Crick y Watson tomaban el lugar de mi cuerpo; yo percibía dos hilos en forma de escalera que se replicaban entre sí, formando una recurrencia estructural como en un cuadro de Escher.
    Podía leer y entender todo el contenido que parecía disponible para mí. Pensé en entrar en la estructura, pero si ella era yo mismo no tenía sentido encontrar alguna entrada, pues ya estaba allí. Todo eso estaba disponible mas no era una biblioteca, pues no había libros para abrir; era un espacio abierto y algo desolado. No era el espacio libresco de Emerson, ni el de Borges, ni el de cualquier biblioteca ya quemada por el fuego. Todo era un libro abierto y las páginas aparecían simultáneamente, con relatos y fórmulas en varios dialectos que no precisaba traducir. Al leerlos y balbucearlos el sentido se formaba: cada frase y cada fórmula llamando otras, concurrentemente.
    Allí percibí que no había tiempo, pues el reloj que había observado hasta cierto momento era el latido de mi corazón, ahora ya dando un tono continuo pues había dejado de pulsar, como un tambor sin palos.
    Descubrí que los relatos aparecían de manera paralela, cada parte de la hélice lanzaba textos como un volcán en erupción. Sentí una onda de calor y una vibración cada vez más fuerte que hacía mover los peldaños simultáneamente en todos los sentidos. Ya el pánico se apoderaba de mí, pero una sensación de voluptuosidad aparecía, lo que me dejaba cada vez más exhausto. Repentinamente perdí la sensación del adentro y del afuera, así como el Covid-19 lo hace con el gusto y el olfato.
    Pensé en verificar si la experiencia correspondía a estar en algún lugar específico, mas al mirar la hélice percibí que cada parte llamaba un espacio particular, y si miraba atentamente a un peldaño específico percibía un espacio dentro de otro, como si fuera una función matemática recursiva, aquellas fórmulas que se llaman a sí mismas. Intenté entrar en uno de esos lugares y tuve la sensación de que mi mente se auto replicaba, dando la sensación de que ahora eran dos sujetos que coexistían perfectamente.
    Había llegado a pensar que estaría en un laberinto, pero esa idea se caía por su propio peso, pues esa conjunción de espacios no tenía entrada ni salida, y no había nada que descifrar, ni monstruo al que matar, a no ser, tal vez, a mí mismo.
    Si me preguntan si vi la historia de mi familia (y la mía propia), o los acontecimientos de la humanidad, lo único que podría responder es que todo estaba presente, no necesitaba hacer esfuerzo, podía estar dentro y fuera de Julio César, tocar a Elena de Troya, aplastar la cucaracha en la que Kafka se había convertido. Podía ver los 7 cielos y todos los lugares narrados por Dante; pero mis ojos eran los de otros, los de ellos, y ahora los míos. Podía sentir sus emociones y mil soles explotando al mismo tiempo.
    Súbitamente, me dieron ganas de volver y de llorar, mas ¿de dónde había partido, o por dónde había venido? Verifiqué que la idea de volver se caía sin sentido, mas ¿sería cuestión de despertar? El problema es que ahora me percibía más despierto que nunca, y aún así necesitaba ver a mis amigos, contarles todos estos acontecimientos sobrepuestos. Decirles que ellos eran un espacio dentro de un peldaño que pulsaba dentro de mí.
    Mis amigos me tomaron por el brazo, colocaron un paño de agua helada sobre mi frente. Los veía desesperados, yo no sabía lo que ellos habían visto por sus ojos —o tal vez sí. Me preguntaron a dónde había ido, qué había sentido; pero sus preguntas salían de algún recodo dentro de mí, y mis respuestas eran relatos fabricados hacía milenios junto con otros aún no ocurridos.
    Ahora siento hambre, sin duda, y no sé que hacer, dejo mi memoria aquí por si alguien se la encuentra.

(Brasilia, febrero de 2021)

martes, 15 de junio de 2021

Pinturas (homenaje a Chava Cure)


La creación de la ficción y del discurso historico solo son posibles por la pérdida de detalles, de muchas informaciones (ficcionales o reales). El cerebro, al crear la realidad, necesita omitir muchos detalles verídicos y crear otros, para inventar aquello que percibimos como «realidad»: eso es lo que nos dice ahora la neurociencia. Recordar es intentar traer a la superficie algo perdido, y que no puede ser reconstruido en su totalidad. El propio recuerdo ya es una ficción, y no hay ficción más evidente que una autobiografía. El artista trabaja en los detalles para que sean después echados al olvido —pero al menos él los visitó concientemente. No hay realidad más concreta, en este mundo, que aquella creada por los artistas plásticos, como lo podemos vislumbrar en la obra de Chava Cure.

 Pintura de Chava Cure (1955-2013)
(fuente: Google imágenes)

(Brasilia, enero de 2013)

Una pista para volver (cuento)

Juan está redactando un cuento sobre la relación de un niño con las hormigas. En su historia el niño se llama Pedro, y tiene una fascinación por los hormigueros, en que se imagina lo que pasa por dentro de ellos. El escritor escribe un diálogo entre Pedro y su amigo, en un día en que truecan frases sobre los laberintos que recorren los insectos en sus madrigueras, mientras intentan escapar de los bichos que comienzan a picarlos en sus pies desnudos. Los chicos dialogan sobre lo que han escuchado: Que hay una reina que procrea, que hay soldados, que existen exploradores para la procura de alimentos y que usan perfumes propios a los que llaman feromonas, para marcar los caminos, como lo hacen los perros cuando orinan. 
    El autor venía explorando posibles diálogos entre los chicos para su historia, en un laberinto de ideas que le surgían. Pero hace pocas horas recibió la noticia de que su pequeña hija tiene un cáncer grave. En esta nueva realidad siente que todos sus miedos lo llevan a una maraña en la que transita a cada instante, sin dejarlo salir de la cárcel del dolor, que le aprisiona el pecho y lo hace llorar en silencio. Su labor como escritor se vuelca poco a poco a una relación sobre el valor de la vida, del esfuerzo y del amor paterno.
  En la historia que el escritor bosquejaba, Pedro tiene un diagnóstico de síndrome de Tourette, que le produce tics nerviosos que lo condena al bullying en el colegio. El chico tiene su propio dédalo del que no quiere salir, y ve la adolescencia que se aproxima como un peligro, que lo podrá sacar del único local donde se siente seguro, su propia casa.
    Juan verifica que el enredo de su vida igual que la de Pedro se complica cada vez más, y que su hija estará fuera de su hogar para someterse a un tratamiento en una clínica particular, y no sabe cómo pagará el tratamiento. Es un hombre separado y vive de dar clases en varios colegios de su ciudad. Tendrá que descifrar el mejor camino financiero, enfrentar la desconfianza de los banqueros y el qué dirán de sus amigos, pues siempre se sintió mal tomando el lugar del infortunio. Como escritor no sabe si tiene argumentos para terminar su historia, pues en un inicio había pensado que Pedro sería atropellado por un vehículo, y dejaría una duda para el lector de si sería un accidente o un suicidio.
    En la historia que había escrito, antes de saber del problema de su hija, Pedro ya había leído en un libro que las hormigas conseguían llegar a la mejor ruta para las fuentes de alimento usando una misteriosa técnica —que aún no conseguía entender con su mente de niño—, y que detrás del comportamiento aleatorio observado en estos insectos había una sabiduría ancestral, lo que reforzaba su tendencia a refugiarse en los libros de ciencias que leía atentamente en la biblioteca del colegio.
    Pero Juan comenzaba a sentir que su dolor se podría parecer al bullying que sufría Pedro de parte de sus compañeros de clase. Se preguntaba cómo podría esconder sus miedos, cuando supuestamente ya los había superado cubriéndose de una capa de inflexibilidad y de dureza. Percibía que su vida era un laberinto al que había entrado, sin tomarse el trabajo de dejar un rastro para volver atrás. Recordaba la historia de Teseo, que consiguió matar el minotauro y salir del laberinto siguiendo el hilo de Ariadna, una princesa que se había apasionado por el héroe griego.
    Juan pensó que era obvio que el estudioso Pedro, su personaje, conocía bien que para las hormigas el laberinto no era una maraña, sino un camino y también su hogar. Que perderse era parte del ecosistema, y que las feromonas reforzaban una pista, el camino más recorrido por el grupo. Pensó que el hilo de Ariadna no era externo, que lo que más temía era esa falsa compasión que las personas ofrecen para los abatidos, y que había aprendido a rechazar casi por instinto. Pensó que aceptarla sería tal vez el único medio para enfrentar el drama con su hija. Verificó que existían las historias de los pesares humanos ya recorridos por millones de personas, de los que se mantenía lejano por defensa. Que cada historia dejaba su rastro, y que la trama de una hormiga era muy parecida con la de otra hormiga.
    Juan decidió no matar su personaje, prefirió dejarlo suelto con sus miedos y con una neurosis que lo cubriría en su adolescencia, y que en algún momento encontraría una pista que lo llevaría al origen, que lo reconciliaría con su dolor de niño.
    El lunes siguiente, temprano en la mañana, Juan recogió a su hija en la puerta de la casa, como de costumbre. Esta vez la llevaría a la clínica para iniciar el tratamiento.

(Brasilia, enero de 2021)

Retornando (cuento)

Érase una vez un personaje que sospechaba sobre la existencia de un narrador que describía su vida en un texto. El personaje sabía muy bien que sus acciones serían una crónica si él mismo existiera de verdad, caso contrario serían una mera ficción literaria —esto es lo que nos dicen los tratados de literatura. Así, decide modificar su comportamiento para comprobar si el narrador consigue seguir sus pasos. Si fuese un narrador omnisciente ciertamente percibiría los cambios y los fijaría en el texto. El personaje decide ir atrás de la historia; si la encuentra podrá comparar los hechos y detectar si hay alguna diferencia, entre lo real y lo escrito. Va para la biblioteca de una famosa pitonisa y al final, con algún trabajo, tiene éxito en su objetivo. Como ahora tiene el texto en sus manos verifica que sus nuevas acciones están descritas en sus páginas. Así, decide modificar la historia y esperar que el narrador perciba que alguien cambió el relato, sin su permiso. Adicionalmente, el personaje coloca en el texto trechos que encontró sobre la vida del narrador, adquiridos en una página de la WEB. Al ver el narrador la historia modificada —y con una firma de autoría, dejada al final por su personaje—, decide dejarle un mensaje en el texto: «no te vuelvas a entrometer en mi trabajo, y recuerda que en mis tiempos libres trabajo como pitonisa».

(Brasilia, mayo de 2021)

viernes, 11 de junio de 2021

Prosas y versos

La prosa describe, explica. La poesía nombra, descubre y pulsa, dejando la palabra desnuda, casi como música y amolada como un puñal»

(Brasilia, marzo de 2021)


Miedo y poesía

«Lo único que podemos llevarnos de este mundo es el miedo a la muerte. Mejor partir desnudos y sin ningún peculio, como lo suelen hacer los poetas».

(Brasilia, junio de 2021)

jueves, 10 de junio de 2021

Pinturas y poemas (Joseph Turner)


Turner sabe lo que dijo el relámpago antes que la luz cegara la tarde (Fernando Denis)

Joseph M. W. Turner (1775 – 1851) fue un pintor inglés especializado en paisajes; trabajó el óleo y la acuarela con igual habilidad. Vi sus pinturas en libros de bolsillo de la editora Salvat cuando yo era aún joven y solo observaba cuadros pintados por algunos familiares que eran vecinos de mi casa paterna. La impresión fue supremamente fuerte, y me transporto a otra dimensión de mi sensibilidad ya inclinada a la nostalgia. No conseguía entender cómo algunas pinturas podían ser tan borrosas y bellas.


    Cuando leí algo sobre su vida descubrí que fue sobrio en sus maneras personales y en los gastos, lo que le permitió vivir sin grandes sobresaltos financieros. Tuvo la curiosidad de conocer el continente europeo, haciendo largos viajes, en los que captó las visiones del mundo con aquella receptividad de los grandes artistas.



    Turner vio la luz en las fuerzas de la naturaleza. Sentía una vocación impulsiva por someterse a las inclemencias, inclusive poniendo en peligro su vida. Pues un artista solo puede transmitir aquello que vive, a pesar del espanto. Si aceptamos la frase de que Beethoven era clásico en la forma y romántico en el contenido, podemos afirmar que su forma es romántica, plena de nebulosidades, de sombras, de una tristeza mística. Pero su contenido es la luz como horizonte, como punto de fuga en su perspectiva.
    Para mí su pintura profetiza los advientos del impresionismo, en donde el objeto pasará a ser la luz en forma de gotitas. Lo que nos hace percibir la dualidad de la luminosidad —aquella descrita por los físicos modernos—, como la experiencia que llega al observar los cuadros de Camille Pissaro —el puntillado que esconde la continuidad que ondula.
    Creo que si Turner hubiera vivido más años su paisajismo se habría desdoblado precozmente en la pintura abstracta, que aparecería en los comienzos del siglo XX, pues los objetos en sus paisajes tendieron a desaparecer en la medida en que su obra maduraba. 
    Tal vez por su punto de fuga luminoso poetas como Fernando Denis y William Ospina lo vierten en sus versos, pues la poesía dice y calla, describe y omite, se toca y desaparece.

(Brasilia, Marzo de 2021)

Fuentes de las pinturas: Google imágenes.

miércoles, 9 de junio de 2021

Nocturno y Poesía


La noche de los poetas, una frase que quizás sea un cliché. Pero que para mí sigue siendo una buena aproximación del transcurso del poeta, de su ejercicio de poetizar. En la noche la luna refleja el sol, justo cuando los objetos desaparecen ante nuestros ojos, en el instante en que el silencio posa. Mas si es el caso de la luna reflejar, también es el acto perfecto para la reflexión, y para la escucha musical. La luna como símbolo femenino y maternal, que representa aquello que nos cuida cuando somos los seres más frágiles del mundo «aun bebés». La noche y su luminar que guía los poetas, que los protege a pesar de estar fragilizados, pero vislumbrando un poco más que cualquiera de los mortales. Pero si el poeta no ve mucho, tampoco es visto. Por eso tiene licencia para matar, para extrapolar y subvertir el lenguaje, para actuar como un puñal que hiere el confort y la servidumbre. Y aún así salir impune.

(Brasilia, abril de 2020)


Poetizar


El poeta toca las dos dimensiones, la espacial y la temporal, con un rasgo de intensidad, o sea con el matiz de la pasión. No se obliga a contar historias, pues esto quedó a cargo de los prosistas. Así se sumerge dentro de sí para capturar el texto, atraparlo como en una pesca submarina, a pulmón libre. Se juega en una apuesta entre atrapar el contenido o perderse en la existencia, por la falta de oxígeno. Procura un lugar para sí, pero sabe que el tiempo es limitado como el de su propia vida. Muere en su espacio o muere fuera de él. Mejor morir dentro sí y ser uno con un cántico que es él mismo.

{Brasilia, Octubre de 2020)


Causalidades y casualidades


«Ah causalidad, tan lejos de la casualidad, de lo probable, de lo contingente. Todo tiene su causa, y si sabemos cómo se cabriola y de dónde partió, ¿sabremos, impajaritablemente, a dónde llegará?»

    Con esta frase mi amigo César Giraldo cerraba mi desarticulada explicación sobre el problema de horizonte, en una calurosa tarde, en su estudio en el centro de San Paulo. Como el tema era la causalidad en la física, esa cartilla que todos los científicos deben seguir a rigor, su frase era un resumen de cómo las cosas deben acontecer en el universo físico; lo que nos incluye, por carambola, como humanos.                        
    Obviamente yo sabía que su giro tenía algo de humor y de ironía, y con una maliciosa sonrisa me invito a tomar otro sorbo de cerveza.
    Recuerdo que yo intentaba explicarle que nada se mueve en el universo con una velocidad mayor que la de la luz; y cuando me preguntó si sería posible tener una nave que viajara igual a la luminosidad, le respondí que la luz siempre estaría viajando a 300 mil kilómetros por segundo con respecto a nosotros, por más veloz que fuera nuestra nave. Este hecho cruel, para nuestras expectativas y ambiciones tecnológicas, hace parte de un tema conocido como problema de horizonte.
    César no tenía mucha sintonía con teorías que ligaban el hacer artístico con la utopía, con ese tipo de horizonte que la vida coloca a los artistas. Mejor dicho, la diferencia entre utopía y realidad no le interesaba, y lo afirmaba de manera instintiva. 
    —El arte se hace en movimiento o estando estático, decía. —Mejor dicho, nosotros somos receptores del arte, y el resto es intentar dar una explicación sobre su causa, con algún objetivo oscuro, casi siempre ideológico—, afirmaba categóricamente.
   Yo sospechaba que en algún momento surgiría un link entre la física de los horizontes, que comentábamos, y los conceptos del arte que mi amigo defendía siempre en cada reuniónEn la física clásica y relativista las causas y los efectos tienen su lejanía temporal entre sí garantizada por la velocidad de la luz, o sea, nada puede viajar más rápido que este límite físico. La causa precede al efecto y, por lo tanto, el tiempo es imperativo, unidireccional y dictatorial. Así, la información que tenemos sobre los efectos llegará después, como una carta, como un e-mail, o como una radiación. O sea, macumberos, santeros, y madres videntes, que saben a priori cuándo sus hijos se meterán en problemas, serían todos, y todas, charlatanes y disertadores de mentiras, o al menos adictos a algún tipo de juego de azar.
    Le explicaba al viejo amigo sobre el universo como consecuencia de una grande explosión, y esto le encantó, pues lo que más admiraba en el arte era la creación como acto explosivo, al estilo beethoveniano, con esa imprevisibilidad de cuál son vendría en el próximo compás. Mas cuando le conté que la causa de tal estallido aún era un misterio, soltó una sonrisa de satisfacción.
    Le conté que las observaciones actuales, que hacen los astrónomos, ese tipo de voyerista de las estrellas, muestran gran homogeneidad e isotropía. O sea que las mediciones que se hacen sobre sus variables (por ejemplo, temperatura, masa) son bastante semejantes, independientemente de adónde y en qué dirección apuntemos nuestros instrumentos.
    Se supone que, en el inicio del estallido creativo, el universo debería haber sido así mismo: homogéneo e isótropo. Pero por la edad del universo se piensa que regiones alejadas entre sí deberían tener cantidades diferentes de masa y de energía, pues habrían tenido tiempo y libertad para evolucionar de manera independiente. Así, la homogeneidad e isotropía observadas son difíciles de explicar mediante la causalidad clásica y relativista; específicamente para digerir cómo evolucionaron regiones muy alejadas entre sí para estar «sintonizadas» en los mismos valores de masa y energía.
    —¿Y eso te parece raro, Carlos?, a mí me parece claro, dijo. Por ejemplo, ese límite luminoso no impide que los movimientos artísticos hayan surgido simultáneamente en varias regiones del planeta, independiente de sus geografías y culturas. Creo que tu problema es pensar que la información solo viaja; ella está presente, surge, como ocurre en los artistas, esos receptores del arte.
    —Carlos, eso que hablas sobre los confines del espacio no le hace mella a un artista. No sé si viene al cuento, pero me hace recordar sobre aquellas cosas que se dicen sobre el origen del arte. Algunos dicen que el artista se mueve por señales, y es guiado por utopías, pero ¿hay alguna prueba que el artista tiene que soñar por algo, o en algo?
    César tomó una expresión pensativa, colocó su copo de cerveza sobre un estante con libros, junto a un ventilador viejo que lanzaba el aire húmedo sobre su rostro. Su expresión tomo un tono serio, como si quisiera recordar algo. —Hay artistas santos y artistas con atisbos de canallas, y todos suelen ser muy competentes; son como cualquier sujeto, como tú o como yo; dijo. 
    —No hay horizonte utópico a ser seguido por los artistas, eso solo aparece en las películas de zombis. Se llevó la mano al rostro y prosiguió: «el arte es un acontecimiento, con todas las letras, y el artista lo verifica a posteriori; pero el arte es a priori». Y llevando su mano al aire, con dos dedos apuntando para el techo dijo: «y ponele atención al viejo Kant, sobre lo que estoy diciéndote», dijo rápidamente.
    Le conté a mi amigo que la distribución de la radiación de fondo de microondas es omnipresente en el cosmos, siendo testigo y vestigio de la creación explosiva —y que tal vez se asemeja a voz del Espírito Santo, escuchada por los místicos. Es tan altamente simétrica que difícilmente parece ser resultado de evoluciones azarosas e independientes. Quien la escucha, adaptada al registro sonoro humano, parece oír los graves de Sarah Vaughan y los agudos del tenor Leszek Swidzinski. 
    Es arduo explicar cómo llegó a ser tan isótropa y homogénea sin haberse «sintonizado», por algún mecanismo extraño, con todos los puntos del universo primigenio, estado previo a la explosión, usando los conceptos clásicos de causa y efecto, asociados con al límite físico de la velocidad de la luz.
    Obviamente César se quedó curioso por mis explicaciones sobre ese fenómeno de horizonte. Me parecía que estaba guardando un argumento que tenía dentro de la manga, para darme una estocada final, como usualmente ocurría al final de nuestros encuentros.
    Le expliqué que sobre la rara homogeneidad e isotropía del universo existen varias vertientes. Todas ellas saltando el muro —como lo haría un marido o una esposa infiel—, en este caso, de los linderos de las físicas clásica y relativista. La mayoría hecha por tierra, por lo menos en los inicios del universo, el límite de la velocidad de la luz. Algunas teorías admiten velocidades super lumínicas o velocidades variables en algún momento de la evolución del universo, una especie de herejía para los físicos ortodoxos. Mas la relación entre causa y efecto tiene otra vertiente en la física cuántica, donde las cosas más extrañas suelen ocurrir a nivel de las partículas u objetos subatómicos. Sin embargo, debemos alertar que la relación entre las teorías relativísta y cuántica está aún en vía de ser resuelta, de manera definitiva.
    —Claro mijo, alguna cosa está errada en ese pensamiento tuyo. César siempre colocaba mis descripciones sobre la ciencia como si fueran argumentos míos, y esto me incomodaba. —Tú siempre crees que la vida se reduce a la física y a las otras ciencias duras. Pero eso es cosa tuya y yo no tengo nada a ver con eso. Y ya te dije otras veces que eso me parece tan ingenuo como pensar que la sexualidad se reduce a los órganos genitales —dijo.
    —El origen del arte es un misterio, y el artista que lo acepta está curado contra cualquier virus ideológico; es el antivirus, como aquel que tú instalaste en mi computador. Toda explicación sobre el origen y el sentido del arte es tendenciosa, y un verdadero artista no acepta ningún tipo de muleta. El sujeto artístico hace el arte que siente, que se le sale. Y por esto suele sentir alivio, como aquel sentido cuando se elimina el desplacer.
    Le pregunté, colocando un elemento freudiano, se existiría algún tipo de libido artística, de donde surgiera la energía del arte. El viejo se retorció de la risa y dijo: «veo que insistes en buscar alguna muleta, mijo. El arte es instintivo e intuitivo, por más herramientas técnicas que lo enmascaren. La misma intuición que tengo ahora de que nuestra reunión se acabó».

(Conversaciones con César Giraldo, años 90)

Tránsitos espirituales (para agnósticos y ateos)



Fausto le vendió el alma al diablo a cambio del poder. ¿Alguien le podría vender el alma a Dios a cambio de nada? Pues bien, esto último es lo que denominamos Fe.

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Entre el ateísmo y el deísmo me quedo con la duda. Pero prefiero la duda poética del Hamlet a la duda metódica y estéril de Descartes. Así, mi duda transita entre si Dios es una ficción nuestra o si nosotros somos una ficción de Dios.

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No me pregunten sobre mi creencia en Dios. Podría responder cualquier cosa, inclusive confesar mi ateísmo. Pero lo único que sé es que lo amo tanto que llego a poner en duda mi propia existencia y la del mundo que creo habitar.

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Entre varios caminos posibles elegí uno, aquel que me brindó afecto y consideración. Vadeé por él durante años; al final lo abandoné para buscarte sólo, escrutando dentro de mi corazón.

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Qué asustadora libertad me has dado, Señor: elegir entre la cripta de los fundamentos teóricos y teológicos, u optar por ser un hijo en tu regazo sacro.

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Aveces pienso qué pasaría si me faltaras tú, si mi piso se deshiciera, si una cruel enfermedad avanzara sobra mí. Si me quedara sin empleo, sin atendimiento médico, si los bancos cayeran sobre mí como aves de rapiña. Si todas las seguridades que me sustentan desaparecieran de una vez. Sería la encarnación del santo Job: sólo, desolado, enfermo y angustiado. ¿Tendría yo el valor para la entrega final? ¿Mis dudas se disolverían en la piedad del Ser? Y si tú me enviaras a predicar en medio de las plagas del cólera, del ébola, del HIV, en el África meridional ¿tendría la fuerza y la paz para no revelarme contra la vida? ¿Abrazaría la existencia sin expectativas y reclamaciones? ¿En dónde estará mi refugio y fortaleza? ¿Dónde terminan mis miedos y temores? ¿Te negaría tres veces? ¿Por qué estas preguntas me hacen sentir tan cerca de lo eterno y, sobre todo, lejos de lo falso y lo corrupto? Creo que en medio de la incerteza está la pista —tú merodeando en mí y yo testigo de mí mismo. Y este tránsito andariego y solitario debe ser la silenciosa fe de los profetas.

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Carlos, muchos de nuestros amigos me toman por ateo. En verdad yo solo creo en el arte; pero ellos podrían considerarme mejor como un agnóstico, y con un  pavor extremo a los curas de todas las religiones. Mira, hablando de estos temas te digo que eso de que el realismo mágico fuera creado por Gabo, con ayuda de algunos cubanos, es pura ilusión. No hay historia más mágica que la natividad, narrada en el nuevo testamento. Eso de que el redentor del mundo naciera en un pesebre, bajo los rigores de un clima insano, que sus primeros visitantes fueran unos pastores con el corazón más puro del mundo (algo prácticamente imposible de encontrarse en estos tiempos), y que una estrella guiara por geografías inhóspitas a tres magos, con la verdadera misión de salvar la vida del infante, es la cosa más sorprendente que haya creado la literatura en toda la historia. Y todo eso de por sí ya la torna verdadera, desde el punto de vista artístico. Tan verdadera como la ascensión de Remedios la bella, que sólo pudo ser observada en su plenitud por Úrsula, una anciana casi ciega. Una historia tan breve, tan poética, y con tanta simplicidad toca el corazón hasta de un viejo agnóstico como yo. Para mí los creadores del realismo mágico fueron Juan evangelista y sus colegas (conversaciónes con César Giraldo, años 90).

(Brasilia, marzo de 2021).

Amor de perro


Amo a los perros, sobre todo a esos vagos andariegos que andan holgazanes como el viento, tal como insinuado por aquel evangelista —«el viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va». Así, escucho sus latidos desde mi cobijo, cuando los echan de las iglesias y de los lugares más sagrados que, para mí, lo dejan de ser por ese mismo motivo. Me identifico tanto con ellos que si hiciera un escudo de armas para mi linaje no habría un león, ni un tigre, o un águila. Tendría en su diseño un perro callejero, levantando la pata y meando en la puerta del atrio de una iglesia.


jueves, 16 de julio de 2020

Tres micro ensayos en si menor


Jaime Jaramillo Escobar escribió en Método Fácil y Rápido para ser Poeta que “el verso ha sido el refugio tradicional de los malos poetas, los falsos poetas, los poetas mediocres”. En verdad el poeta tensiona el lenguaje, como el músico lo hace cuando afina su instrumento. No hay poema sin un lenguaje tensionado y  afinado; así como no hay música sin escalas, sin referencias auditivas. Algunos dicen que las escalas fueron originadas por la digitalización, proveniente de los primeros instrumentos musicales, como la flauta; en donde el conjunto orificios/dedos definen un alfabeto, que da origen a las gramáticas, y a los posibles elementos semánticos, a los textos musicales. Podríamos preguntarnos si hay música sin escalas, tal vez sí, mas la construcción de un lenguaje seria mucho más complicado, o debería ser más sutil, tal vez en micro escalas; o en la ausencia de ellas tendríamos que aventurarnos a espacios más sutiles, no transitables para la mayoría de los humanos. Así como la naturaleza prefirió los saltos de energía, que ahora llamamos saltos cuánticos, nuestra psiquis, por algún motivo, escogió las escalas, y las palabras para establecer la comunicación. Música sin escalas y textos sin palabras solo son posibles en los principios del arte, tanto en su sentido temporal como espacial. En este último podríamos hablar del ámago del arte, en su fundamento, la poesía en su origen, que sólo puede ser experimentada. Así el verso, en su esencia, no es una forma, pues en el leguaje afinado el ritmo resulta de manera natural, es intrínseco, y aún plausible de aparecer en la forma de prosa. No creo que el poeta tenga que transmitir un mensaje, pues como dijo McLuhan el medio es el mensaje, y este último surge del lenguaje tensionado. Es el lenguaje el que crea el poema; no es el poeta el que autora, sino que este se apropia del resultado.

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Yuval Noah Harari dice que nosotros siempre hemos vivido en la era de la pos verdad, pues dependemos de crear y creer ficciones. Desde la edad de piedra, los mitos que se refuerzan a sí mismos han servido para unir a los colectivos humanos. Dice también que somos los únicos mamíferos que pueden cooperar con numerosos extraños porque sólo nosotros podemos inventar historias de ficción, difundirlas y convencer a millones de personas de que crean en ellas. Y finaliza diciendo que humanos conquistaron este planeta gracias sobre todo a la capacidad humana única de crear y difundir ficciones, que les permite andar y actuar en grupos. Sin embargo Harari omite que nuestro cerebro ya crea la realidad como una ficción, como una narrativa, construida y digerida como conciencia individual. Como historiador sabe que no es posible reconstruir una historia completamente, incluyendo su propia biografía. Y tal vez sepa que, según la neurociencia, nuestro cerebro constantemente está ocultando datos e inventando otros para construir nuestra percepción del mundo. Pero también se lo olvidó que los lobos, felinos y coyotes andan en bandos sin necesitar crear mitos, ficciones y religiones. Detrás de todo hay una narrativa, y detrás de toda narrativa persiste un soporte mediático. Y descubrirlo, en su propia dimensionalidad, sería llegar al centro.

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Creo que sí, las cosas ya están diferentes y serán cada vez más en esta época de peste que procedió a la fase de la lujuria y la superficialidad. Él único que está seguro es mi amigo Álvaro José Payán, que tiene un bello espacio, una bella tierra donde podrá plantar y criar gallinas para recoger los huevos para alimentarse. Yo he estado meditando mucho, haciendo mis baños depuradores del aura, que no me dejan pensar tanto en Lauras, Blancas y Marías, ni en los detalles del fin del mundo, tal como lo conocemos. No creo que el problema sea la comida, pues aprendí con Max Neef que no hay problemas para resolver, solo existen procesos de los que yo hago parte (quizás ustedes también, mis caros amigos). Tal vez sea difícil leer esto de las manos de un ingeniero que resuelve problemas técnicos con sus alumnos, a cada día. Detalles aparte, yo también oro, los versos de oro de las escrituras. Pues si estamos orando, no estamos pensando en pendejadas, ni preocupados por el vecino; y si pedimos por alguien por lo menos estamos pensando en algo diferente de nuestras barrigas. No creo que pedir por la salud de una persona sea una bobada, pues la materia es mente condensada, y se elevamos el pensamiento estamos apuntando hacia algún lugar, tal vez para ayudar, y de rebote para ayudarnos. No creo que la neutralidad deba ser falta de acción; pues si este tipo de cosa fuera practicada por un médico no tendríamos cirujanos, ni clínicos que nos recetaran una aspirina. Una caricia compasiva suele ser tan potente como un antibiótico, en este mundo tan lleno de desencuentros y ansiedades. Hay testimonios de gente que verifican que cuando un grupo de personas meditan, en conjunto, los índices de violencia local suelen bajar. Mas como meditar es minoritario tenemos lo contrario; por ejemplo, los vándalos que salen de los estadios de futbol a robar, atracar, tal como me sucedió a mí en un plácido domingo cuando salía de cenar con una bella amiga, que no veía hace 30 años… Casi nos matan a los dos. Nuestras mentes pueden ser proyectadas para ayudar; pero claro que el resultado dependerá de los procesos que los destinatarios estén pasando. Pero siempre se nos dice que es mejor intentar ayudar, cuando se nos pide, sin pensar en los resultados, que quedarnos de brazos cruzados, practicando una neutralidad inerte. Si el Cristo lloró por un amigo muerto y lo trajo al mundo de nuevo, ¿por qué yo no iría a intentar hacer lo mismo, guardando las proporciones? En mi escueto credo aún cabe la compasión y la mano amiga que acaricia y da consuelo, mismo que me tilden de bobo. Recuerdo los versos de Paulo de Tarso, con el que he peleado mucho, pues siempre me pareció un vergajo: “El amor no pasa nunca. Desaparecerá el don de hablar en nombre de Dios, cesará el don de expresarse en un lenguaje misterioso, y desaparecerá también el don del conocimiento profundo. Porque ahora nuestro saber es imperfecto, como es imperfecta nuestra capacidad de hablar en nombre de Dios; pero cuando venga lo perfecto desaparecerá lo imperfecto”. Tal vez el día que escribió eso debía estar soyado, después de practicar alguna técnica oculta, o usar una medicina sagrada.

(Karlsruhe, julio de 2020)

lunes, 22 de junio de 2020

Caminos y retornos

Entre varios caminos posibles elegí uno, aquel que me brindó afecto y consideración. Vadeé por él durante años; al final lo abandoné para buscarte sólo, escrutando dentro de mi corazón. Qué asustadora libertad me has dado, Señor: elegir entre la cripta de los fundamentos teóricos y teológicos, u optar por ser un hijo en tu regazo sacro.

(Karlsruhe, julio de 2020)

martes, 21 de abril de 2020

Infinitivos


En el principio era el Verbo,
y el Verbo era con Dios,
y el Verbo era Dios.
Este era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron hechas,
y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz en las tinieblas resplandece,
y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

(Juan Evangelista)



El Verbo nos remite a la acción. Pero sólo en el infinitivo representa el potencial (cantar, bailar, llorar); la energía potencial de que hablan los físicos cuando una piedra está pronta para ser soltada desde la torre de una iglesia. Mas cuando entran los actores y las conjugaciones, lo que era potencial aparece como acción (yo corro, él canta, tú bailas). Así podemos decir que al principio era el verbo, mas en el infinitivo. El verbo creador actúa por la conjugación: el verbo se declina con el sujeto (o, al contrario). Si todos los verbos en su potencial fueran uno, tendríamos el principio creador. Y si en Él estaba la vida, y si la vida era la luz de los hombres significa que estos viven desde siempre. Y que la vida está en los infinitivos, e ilumina (y se ilumina) por ella misma. Por eso es sagrada. Y si hay tinieblas es porque olvidamos la sacralidad de la existencia. Así que eternos somos (infiniti-vos hago).


martes, 24 de diciembre de 2019

Un epílogo de una vida


"Ellos no se van, hace rato se han quedado en nosotros, formando parte de nuestra forma de ver el mundo y la vida."

Con esa frase mi amigo y colega  César Arévalo me consolaba cierta vez por la pérdida de los viejos queridos, que tienen que irse, imperativamente, algún día. Freud decía que no había dolor más profundo para un hombre que la pérdida del padre. Jaime Sabines lo describe en su poemario: «En el capullo de tu ausencia crece mi corazón, ¿larva de ti?» Hace pocas horas se nos fue Marino Ramírez Duarte, que me enseño la necesidad de vivir la vida intensa y honestamente. Y es que lo enseñaba continuamente, con su pintura de trazos fuertes y austeros, que reflejaban su amor por lo vernáculo; que lo hacía extender en la música que escuchaba, en la poesía que recordaba y en la arquitectura que adoptó. Su humor era agudo e incisivo, y solía mantener una seriedad cuando soltaba un comentario que nos mantenía tensamente entre la risa y la reflexión. A veces su humor astuto salía como un golpe que dejaba grogui a su destinatario, y todo se resolvía en una risa contagiante y prudente. Claro, todos sabemos que el humor es una forma de ver el mundo, y Estanislao Zuleta trata este tema en su libro sobre el poeta colombiano Luis Carlos López (a veces llaman al humor infiltrado en los versos «antipoemas»).  El humor profundo es complementar al discurso poético y también  una defensa en la experiencia de vivir —una trinchera. Pero cuando la visión humorística toca temas trascendentales, en la frontera de la vida y de nuestra comprensión, suele rayar en la espiritualidad, pues de la risa viene una reflexión y, finalmente, un silencio. El mismo silencio que surge después de la lectura consciente de un poema de Octavio Paz o de la escucha de una suite de Bach.


domingo, 17 de marzo de 2019

Escribiendo


Leyendo un bello texto de mi amigo Pedro Luis Moreno comencé a hacer algunas reflexiones sobre la dura tarea de escribir. Me vienen a la cabeza dos recuerdos. El primero es de Hemingway quien defendía el poder del sustantivo sobre el adjetivo. Seguir su recomendación tiene como resultado un texto directo, limpio y sin muchos meandros.

El segundo recuerdo es una conversación de Gabo con sus amigos, en que afirmaba que después de haber leído un par de obras de Virginia Wolf finalmente habría resuelto el problema de la novela.

Lo que parece sobresaliente en ese comentario macondiano es la colocación de la novela, y por lo tanto de la narrativa, como un problema. Los escritores leen los textos para descubrir sus estructuras y los trucos utilizados para hacer las ligaciones entre los elementos narrativos.

Así, la lectura de un escritor sobre el texto escrito, por un colega suyo, suele ser una tarea de ingeniería inversa.  Recordemos que los ingenieros son formados, principalmente, para resolver problemas prácticos, y con frecuencia practican la ingeniería inversa  para descubrir como los productos fueron diseñados, para reproducirlos y así poder mejorarlos. Y es que el oficio de escritor se parece mucho con las profesiones de ingeniería, así como con el design. Hay que hacer proyectos, planear estructuras, definir estrategias y aplicar tácticas (tal como en un campo de batalla).

Sin embargo el escritor debe estar atento para improvisar (o para improvisarse), pues el texto, en su proceso de ser creado, suele sorprender a su autor. Específicamente, cuando llega a la altura de un hijo adolescente, que quiere, y exige, incorporar su propia identidad, y puede hasta revelarse contra su progenitor.

En la labor de la escritura el texto acostumbra a tomar autonomía, y esta es la parte más mágica de escribir. Pues tal vez podamos garantizar nuestro estatus de ejecutores, mas el de autor suele estar casi siempre en el limbo, sobre todo si somos honestos con nosotros mismos.

Otro punto importante en la narrativa, y también en la poesía, es el ritmo. Por eso el escritor debe practicar el arte de la puntuación. Cierta vez le pregunté a mi profesor de literatura en el colegio sobre las normas de la puntuación. Su respuesta me pareció muy honesta, pues las reglas gramaticales van hasta cierto punto, y para explicarme el asunto me colocó como ejemplo el Otoño del Patriarca. Después de esto nunca más me atreví a cuestionar a cualquier profesional de las letras sobre este espinoso tema. 

Así, como en la música, el ritmo es la base, el reloj (clock) del procesamiento de los temas de la narrativa, de lo que se dice, de lo que se lee, de lo que se auto crea, del momento en que los fantasmas invaden el campo, cuando la suerte está echada, y lo escrito aún está por estar.

(Brasilia, marzo de 2019)

jueves, 31 de enero de 2019

Caminos II


Cierta vez le pregunté a mi esposa Clarice si ella creía que mi padre, si aun viviera, se sentiría orgulloso de mí. Sorprendida ella me recordó, gentilmente, mi historia familiar, los títulos universitarios, mi carrera como docente, y cosas parecidas, haciendo énfasis de que cualquier padre se sentiría orgulloso de un hijo con esa trayectoria de vida.

Pero mi pregunta tenía como origen un recuerdo de mi adolescencia, después del fallecimiento de mi padre. Mi mamá solía decir que yo era el hijo más parecido con su prematuramente fallecido marido, el cual tuvo siempre una rara sabiduría para responder preguntas, de cualquier tipo, de dar orientaciones de vida para los sujetos que se aproximaban de él, así como una habilidad contundente para descifrar ese tipo de señales que la vida coloca en el día a día de las personas.

Así, mi madre comenzó a hacerme ciertas de preguntas, esperando las respuestas que tal vez mi padre le pudiera ofrecer. Y a cada nueva pregunta mi respuesta era un frustrante silencio, y algunas señales en mi rostro que respondían de por sí: “no tengo ni idea sobre la respuesta para eso”.

Obviamente que la vida siguió su curso, me hizo hasta erudito en algunos temas y me dio la oportunidad de hacer algunas ligaciones entre ciencia, arte, tecnología, educación y temas correlatos. Tuve contactos con varias vertientes filosóficas y religiosas. En algunos momentos me declaré ateo, en otros agnóstico, pero nunca me definí como un creyente de alguna religión o filosofía de vida.

En cierto periodo de mi vida me sometí al psicoanálisis y comprobé, en carne propia, lo que Estanislao Zuleta decía sobre los anarquistas y libertarios: “son un bando de rebeldes que tienen un problema escondido con su papá o con su mamá”. Lo mismo suelo decirle a cualquier persona que me abalanza sobre la cara su anarquismo, su ateísmo, su comunismo, o cualquier ladrillo ideológico. Todos y todas deberían tratarse primero en el diván.

Tuve encuentros con propuestas que recomendaban el silencio como práctica diaria para responder aquella vieja pregunta: “quien soy yo”. Y me parecieron prácticas valederas para cualquier persona, sobre todo porque por ese camino el silencio se vuelve elocuente, automáticamente, como respuesta para cualquier pregunta relevante sobre la vida, y sin guardar cualquier sentimiento de culpa.

En mi caso funcionó, pues mi convicción de no saber dar respuestas para preguntas fundamentales, que cualquier ser humano puede hacer, se sedimentó totalmente. Pero tal vez no consiga expresar bien esto, pues lo cierto es que este proceso me permitió desvestirme de cualquier ropaje ideológico, en cualquier área, por ejemplo, en el arte, en la política, en la filosofía, en la espiritualidad.

Hablando de espiritualidad, ésta siempre fue algo natural, en el sentido de que era completamente compatible con mi inhabilidad de dar respuestas a preguntas fundamentales. Y nunca se la cedí a ninguna religión. Siempre la vislumbré como aquel lugar en donde mi incapacidad de dar respuestas residía y era natural y, por lo tanto, explica el por qué las técnicas meditativas me atrajeron tanto durante la vida.

En juventud siempre critiqué a Sócrates por su postura de “sólo sé que nada sé”, en cuanto conversaba con sus alumnos, generando una vasta arquitectura conceptual que dio fundamento para la cultura occidental. Su famosa frase me parecía una mezcla de pedantería porteña con mamagallismo caribeño.

Ahora lo comprendo como un personaje muy safo, que respondía una pregunta con otra, sin que sus discípulos percibieran su estrategia. Un tipo de respuesta que no funcionaría para los colombianos, que de ingenuos no tienen nada. Tal vez si yo hubiera utilizado ese estilo con mi madre me habría salido mejor; pero creo que ella tampoco se hubiera dejado embromar por un hijo tan insolente.

Pero ahora veo esa especie de incapacidad socrática, de responder a cosas básicas y esenciales, como la respuesta que un niño normal daría a una pregunta sobre física cuántica. Algo como, “¿de qué está hablando este loco? Mejor me voy a jugar al parque”.

Así mi sensibilidad fue ganando libertad con los años, haciéndome sentir bien con personas simples y sinceras, que hablan, cantan, rezan, discuten teorías científicas, artísticas o filosóficas, sin cualquier cuño ideológico. Y si me convidan a rezar en la mezquita, en el ashram, en la iglesia, en cualquier templo, sin colocar sobre mi cabeza cualquier proselitismo, estoy dispuesto a participar. Esto para mí equivale al convite que un grupo de niños hace a otro infante, para jugar y tener un contacto verdadero con la vida. Pues al final de cuentas ahora acepto que sólo sé que nada sé, y lo digo sin cualquier intención demagógica.

Suelo visitar pequeños templos y capillas, en donde siento que existe alguna silenciosa fuerza telúrica, que pueda hacer resonancia con mi silencio interior. Los escojo sólo por ese motivo, y les guardo fidelidad. De algunos de estos lugares me han expulsado, siempre por mi necesidad compulsiva de libertad, y así peregrino para otros.

Mi postura espiritual es una mezcla callada de hinduismo, budismo y cristianismo. Esto último atañe únicamente al evangelio, ese compendio simple de espiritualidad, de afecto y de realismo mágico. Me siento alegre al frente de la ternura lúdica de un pesebre y con las luces de navidad. Si fuera un dictador de un país caribeño ordenaría que estos objetos permanecieran presentes todos los días del año, pues el mundo aparenta estar más íntimo, familiar y tranquilo con ellos. Para mí es la misma sensación de observar estrellas en el firmamento, durante una fresca madrugada.

Cualquier escrito que intente colocar el dedo en la llaga, sobre nuestra ignorancia imperecedera, y lo haga de una manera poética, lo paso a considerar como un texto sagrado. Cuando me refiero a lo objetivo y subjetivo sólo lo veo como literatura, específicamente como prosa y poesía. Cualquier fórmula o ecuación matemática tiene un léxico, una sintaxis y una semántica, tal como cualquier texto literario. Y esto puede ser extendido al universo macroscópico y microscópico. Todos los artistas y científicos son cazadores de estructuras y de significados, que para mí no dejan de ser literarios.

No veo mucha diferencia entre la ecuación de Schrodinger y la Odisea de Homero. Las percibo como estructuras literarias que trasmiten comportamientos, de elementos naturales o humanos. En Ulises vemos determinaciones, contradicciones, sagacidad para ocultar las cosas, y también lo imponderable; tal que acontece con las descripciones y fenómenos de la física cuántica.

Nunca me sentí bien justificando lo injusto por teorías reencarnacionistas y esto me trajo problemas con grupos y personas que defienden tales posturas. Acostumbro a emocionarme y llorar con los desastres, con las enfermedades, con los pesares, con los adioses, descritos en la vida real, en las novelas, en las artes escénicas. Y si consigo ver todo eso como literatura, no consigo dejar de sentirme integrado con esta novela global, multimediática, llena de misterios, de belleza, de dolores y de cosas frustrantes. Y esta sensación de integración la acostumbro a denotarla como compasión, que abarca todos los reinos naturales. Hasta suelo sentir pesar de arrancar una flor de su habitad natural, y un dolor inmenso por el genocidio que ejercemos contra los animales. 

Tengo una relación estrecha con la música, y abordo el estado meditativo como un silencioso canto musical, interior e íntimo. Mi amigo César Giraldo decía que la música era lenguaje líquido, y por eso podía infiltrarse por los poros de las paredes, pasar por debajo de las puertas, sin las barreras conceptuales que los discursos suelen poseer. En mi opinión el jazz consiguió juntar cabalmente la parafernalia armónica y el refinamiento de la música erudita occidental con la africanidad. Por eso lo prefiero sobre cualquier  ritmo latino, recibiendo, por esto, salseras criticas.

Más específicamente me es grata la canción, esa invención que mezcla música y literatura, y que tal vez sea el protolenguaje de la humanidad. Por otro lado, existen en todas las culturas palabras que llaman al silencio, y que en el oriente las denominan de mantras. Los mantras serían los nombres de Dios, que cantados se vuelven líquidos, diluyendo el ego para que algo nuevo (y no dicho) acontezca. Así, ahora acepto y entiendo perfectamente cuando los curas me decían que cantar era orar dos veces.

Juntar la canción y el silencio conciente fue lo que me aproximó del yogui Ramana Maharishi, quien con una mirada y una sonrisa disolvía los egos de sus visitantes (hay una foto suya que produce ese mismo efecto en mí). Por lo demás ya no consigo participar de ningún grupo específico, ni de ningún templo, pues ahora mi corazón pasó a ser el Lugar obligatorio, donde lo sagrado se hace carne, o por lo menos lo intenta tercamente, a cada instante, no teniendo palabras para describirlo.


domingo, 25 de noviembre de 2018

Diálogos indiscretos (X): Rupturas y Ciclicidades

Carlos, un terremoto acontece por el movimiento de las placas tectónicas, que fluctúan en un ferviente mar de magma, ¿cierto? Cualquier revolución tiene un aspecto sísmico, en la política, en la religión y, creo, que hasta en la ciencia. En el arte las cosas también fluctúan; no en el mar de las estéticas, sino en el océano de las pausas y de las erupciones: de formas, de notas, de colores, de palabras –que vienen y desaparecen. No hay arte verdadero sin irrupciones, que emergen a través de las fisuras en las estructuras. El artista es revelador, sísmico y cíclico, y sospecha que su magma es mas importante que su propia forma. 

Con esas palabras mi amigo César Giraldo intentaba aproximar su visión del mundo a las cosas de la vida; por ejemplo a los movimientos sociales, que son dilucidados en el derecho, en la sociología, en la política. Afirmaba que cualquier cambio brusco de conducta grupal, o  de paradigma no podía ser resuelto ni entendido en esas áreas, o dimensiones. La violencia en Colombia, por ejemplo, no estaría en el ámbito de lo político; así como la revolución francesa no podría ser entendida por cualquier lógica mecanicista, sociológica o política. Me hubiera gustado escuchar su opinión sobre la actual estado de la política en Brasil. 

Pues es el magma que transporta las placas tectónicas y las hace colisionar. Y es el magma que decide explotar e  infiltrarse por las fisuras es el poema el que se infiltra a través del poeta. 

No son los cambios de paradigma, que emergen en el discurso científico, los que explican los avances científicos (como lo afirmaba Thomas Kuhn). Pues el magma fue el que hizo emerger el cálculo diferencial, casi simultáneamente, en Newton y en Leibniz; o la relatividad de Einstein, que ya era percibida por Poincaré. O el impresionismo en Monet, Pissarro, Degas, Renoir, en Cézanne, y en Debussy.

Así su visión de la historia, y de las cosas, era mecanicista: por eso de las placas, de las fisuras, de los choques. Pero también contenía los ingredientes de aquello que conjuga  lo plausible y  lo improbable, lo cíclico, tal como el hacer artístico, el comportamiento de los vórtices del magma terrestre, o de las tempestades solares.

Afirmaba: "es el magma lo que está por detrás de los reveladores, de los artistas, de los profetas".

(Brasilia, noviembre de 2018).

sábado, 3 de noviembre de 2018

cellula-ae

Hago y deshago
Camino y paro
Musito y callo
Nadie escucha
Todos ligados
a sus celulares
enmarañados
en sus manos
que parecen
no ser suyas
No tocan
otra mano
Sólo tocan
aquel aparatico
{...} Quien nos quiere
realmente?
Sólo aquel
que es todo
oídos
Sólo Aquel
que silencia

el son {...}
para
escuchar
algo


(Brasilia, noviembre 2018)

sábado, 9 de junio de 2018

Del vehículo poético


Una invención tecnológica sólo se torna valiosa cuando aparece en el mercado, y este último tiene sus códigos propios para ejecutar esta labor. Con una obra artística ocurre algo similar, pues un objeto artístico es producto de un acto creativo, y su valor es generado primero en el ámbito intelectual y, posteriormente, en la esfera mercantil. Así, la creatividad no lidia con valores, pues el artista hace su obra para sobrevivir, y no para ser reconocido. De esta manera el arte es el acto de la sobre-vida, cuando se percibe estar a la vera del abismo, con el fin de resolver una discontinuidad, y ésta última no debe ser trafagada sino trasegada. Y si existe algún lenguaje para articular y describir ese proceso será alguno impregnado de poesía.

(Brasilia, junio de 2018)


sábado, 21 de abril de 2018

Factos y ficciones


El derecho está para las ciencias humanas como la ingeniería para las ciencias exactas. Ambas trabajan con códigos, con manuales de usuario, dan sentencias, veredictos; disfrutan de las ciencias, sin importarse con el origen de las cosas; sólo se interesan con que las cosas funcionen. La prosa es temporal pues se centra en una historia, verídica o ficticia; la poesía es espacial, por eso se parece tanto a un cuadro, a una pintura. El centro de la prosa está en volverte convicto; la poesía se centra en lo bello, sin someterse a cualquier estética (y por eso es tan anárquica). Las dos son literatura y son soportadas por una media, por una memoria, por un sujeto. Ambas necesitan de un observador, de un protagonista, como la física cuántica, y a rigor no son objetivas: son irreales, ficcionales, como tú y yo. Pero eso no importa, pues sólo me basta con que todo funcione, cuando tú me miras con tus ojos creadores.


(Brasília, abril de 2018)

viernes, 29 de diciembre de 2017

Salmito Cibernético: en Círculos y Centros


Siempre me deja en duda el uso de la palabra computador(a), empleada en América Latina, por influencia del inglés computer. En España usan la palabra ordenador, originario del francés ordenateur y del latín ordinator-oris. Mas ordenador proviene del verbo “ordenar” y computador de “computar, calcular”. Si bien que para ordenar algo, tendríamos que hacer algunos cálculos y comparaciones, como lo hacemos, intuitivamente, al ordenar las cartas de la baraja. Así la palabra computador sería más genérica, más primaria, que ordenador, y por eso preferiría utilizarla… Sin embargo ordenar tiene un sentido más profundo, pues las estructuras, tal como las moléculas y los fractales, tienen orden, ¿tal vez Tú las organizaste alguna vez? El fractal repite siempre el patrón en su espacio, apareciendo así en lo infinito en lo infinitesimal: es la esperanza de que me reconfortarás siempre y en todo lugar.  Y existiendo, todo me lleva a Tu centro y algo luego me lanza lejos, tan lejos que te pierdo de vista, me pierdo -pero queda claro que me pierdo en Ti, desordenado y organizadamente. Y así está todo perfecto, en lo imperfecto, en el transcurso, en el juego (calculando y ordenando), en la vida, en la muerte. Me transformo en centro y círculo, lembrando algo loco, de Macondo: Úrsula siendo la gravedad, el centro, el orden, y Melquiades el círculo, el eco de da creación, el testimonio, el destino, el verbo. Y yo estoy aquí, sigiloso y quieto...transito (el tránsito), en transe.

(Brasilia, diciembre, 2017)

domingo, 20 de agosto de 2017

Videncia, Poesía y Devoción


Para entender cómo funcionan los oráculos hay que verificar también la dinámica de la poesía. Un oráculo es un experimento intencionalmente aleatorio. Esta dinámica es hecha con el fin de elevar la estructura mental del consultor (el vidente) por encima de la temporalidad. Es una especie de transformación matemática, tal como ocurre con ciertas funciones, que llevan el dominio de un problema a otras dimensiones –matemáticos, físicos e ingenieros están habituados con ese tipo de recursos. Una característica de estas transformadas es su capacidad de retorno al espacio original (los matemáticos llaman a esto de transformada inversa). Un vidente usa un experimento aleatorio (con su oráculo) con el fin de parar la mente, tal como un buen poema lo suele hacer con el lector. La física moderna nos relata experimentos en donde la temporalidad es colocada en jaque, por ejemplo en esos casos en que fotones, estando separados a distancias considerables, se transmiten informaciones instantáneamente. Podríamos pensar que estos factos están soportados en dimensiones o estructuras atemporales. Si la mente de un vidente se liga con tales dimensiones podría ver los hechos sobre una mesa, tal vez sin saber su orden temporal: hechos del pasado, del presente, o del futuro, indiscriminadamente. Los oráculos usan figuras representativas, símbolos, geometrías, arcanos, con una estructura arquetípica, tal como estudiado por Jung, y que representan fuerzas inconscientes, que escapan al control del sujeto. Si la mente del vidente está ligada con espacios atemporales, los factos pasan a tener una ligación directa con estos arquetipos, una especie de punteros, estructuras que no tienen datos, mas sí las direcciones en donde estos pueden ser encontrados, tal como aquellos usados por los científicos de la computación para definir estructuras de datos de manera dinámica (una especie de flechas lanzadas desde los arcos) y que son usados en muchos tipos de programas. Así, los espacios atemporales deben contener estructuras geométricas con una relación fuerte con los arcanos, con los arquetipos. En otras palabras, el conjunto vidente-oráculo equivale a una función matemática de transformación dimensional (una transformada, en el sentido matemático). Y los parámetros de la función son pasados por referencia (tal como los científicos de la computación lo definen) para otra dimensión, en donde alguna dinámica los liga con las estructuras geométricas que ondulan en la atemporalidad. Así, la única diferencia entre videncia y poesía es la intensión. El vidente quiere retornar al espacio original, para interpretar el experimento. La poesía no requisita esto, y la interpretación de los textos poéticos queda a cargo de los críticos, que casi nunca son poetas.  Si aceptamos estos hechos (arquetipos, fuerzas, punteros, espacios adimensionales) podremos entender el sentido de los altares y la dinámica de la devoción. Cada figura de un altar (foto, pintura, escultura –imagen) tiene una ligación (un puntero) con una fuerza en un espacio atemporal. Esta ligación puede ser hecha en un ritual de consagración, tal como acontece en diferentes religiones o grupos espirituales. El altar representa una geometría, de estructuras arquetípicas que muestran una dinámica de lo externo (el plano espiritual, atemporal) a lo interno (el plano del devoto). Así, un acto de devoción representa la intensión de parar la mente, por la contemplación, por el son, por el ritual. La mente del devoto, volcada para la imagen, y centrada en la entrega, consigue aproximar el altar físico al corazón espiritual del practicante (el altar interior). Así, la devoción es la dinámica de llevar el altar externo para dentro de uno mismo, ser uno con una estructura atemporal. En este caso la diferencia entre el poeta y el santo es que este último abandona la intención, en un momento propicio, llevándolo a una experiencia que no puede ser compartida directamente, ni interpretada, y mucho menos criticada, y que comúnmente es denominada de éxtasis.  

(Brasilia, agosto de 2017)

jueves, 20 de julio de 2017

Salmo contemporaneo


A veces pienso qué pasaría si me faltaras Tú, si mi piso se deshiciera, si una cruel enfermedad avanzara sobra mí. Si me quedara sin empleo, sin atedimiento médico, si los bancos cayeran sobre mí como aves de rapiña. Si todas las seguridades que me sustentan desaparecieran de una vez. Sería la encarnación del santo Job: sólo, desolado, enfermo y angustiado. ¿Tendría yo el valor para la entrega final? ¿Mis dudas se disolverían en la piedad del Ser? Y si Tú me enviaras a predicar en medio de las plagas del cólera, del ébola, del HIV, en el África meridional ¿tendría la fuerza y la paz para no revelarme contra la vida? ¿Abrazaría la existencia sin expectativas y reclamaciones? ¿Te negaría tres veces? En dónde estará mi refugio y fortaleza? ¿Dónde terminan mis miedos y temores? ¿Por qué estas preguntas me hacen sentir tan cerca de lo eterno y, sobre todo, lejos de lo falso y lo corrupto? Creo que en medio de la incerteza está la pista (Tú merodiando en mí y yo testigo de mí mismo). Y este tránsito andariego y solitario debe ser la silenciosa fe de los profetas. 

(Brasilia, julio de 2017)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Cinematográfico


Música – fluidez, acuidad
Palabra – materialidad
Prosa – una palabra singando
Poesía – un vocablo naufragando
Música: 
fluido/memorial 
{...} palabras  siendo vertidas 
navegan o zozobran
{así son las canciones}
Cinema: son e imagen a deriva:

por eso la música de fondo

(Brasilia, marzo de 2017)

lunes, 27 de febrero de 2017

De la fama (un diálogo con César Giraldo)


Los profetas, los rapsodas son ciegos, dice la tradición, por la proximidad de la luz (Gramáticas de la creación George Steiner)

El centro del poder macondiano no estaba en los Buendía, sino en el rastro de Melquíades, un gitano arisco, errabundo y solitario (César Giraldo). 


Carlos, eso de la fama es un fenómeno reciente, ¿tú podrías decirme que Beethoven era famoso en su época? Y hasta pondría en juicio que lo sea hasta ahora: yo diría apenas que sería  un personaje “conocido”. La fama es un fenómeno mediático, contemporáneo, casi simultáneo con la aparición de las artes audiovisuales.  Y surge simultáneamente con la reclusión del poder: reyes, príncipes y presidentes pasan a ser sólo figuras representativas, pues el poder verdadero se oculta cada vez más. ¿Te imaginas un John Travolta o un rey Pelé en la época de Julio César? Serían muertos y condenados, inmediatamente, por ultrajar la potestad de los dioses. Y te digo, que a partir de esto, toda teoría conspiratoria tendría algo de verdad. Si hay cada vez más estrellas faranduleras, en el firmamento mediático, es porque el foco del poder está disimulándose cada vez más. Estrellas que encandilan,  falsos profetas, meras marionetas de titiriteros furtivos. 

Conversaciones con mi amigo César Giraldo (São Paulo, años 90)(Brasília, febrero de 2017)