miércoles, 9 de junio de 2021

Tránsitos espirituales (para agnósticos y ateos)



Fausto le vendió el alma al diablo a cambio del poder. ¿Alguien le podría vender el alma a Dios a cambio de nada? Pues bien, esto último es lo que denominamos Fe.

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Entre el ateísmo y el deísmo me quedo con la duda. Pero prefiero la duda poética del Hamlet a la duda metódica y estéril de Descartes. Así, mi duda transita entre si Dios es una ficción nuestra o si nosotros somos una ficción de Dios.

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No me pregunten sobre mi creencia en Dios. Podría responder cualquier cosa, inclusive confesar mi ateísmo. Pero lo único que sé es que lo amo tanto que llego a poner en duda mi propia existencia y la del mundo que creo habitar.

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Entre varios caminos posibles elegí uno, aquel que me brindó afecto y consideración. Vadeé por él durante años; al final lo abandoné para buscarte sólo, escrutando dentro de mi corazón.

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Qué asustadora libertad me has dado, Señor: elegir entre la cripta de los fundamentos teóricos y teológicos, u optar por ser un hijo en tu regazo sacro.

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Aveces pienso qué pasaría si me faltaras tú, si mi piso se deshiciera, si una cruel enfermedad avanzara sobra mí. Si me quedara sin empleo, sin atendimiento médico, si los bancos cayeran sobre mí como aves de rapiña. Si todas las seguridades que me sustentan desaparecieran de una vez. Sería la encarnación del santo Job: sólo, desolado, enfermo y angustiado. ¿Tendría yo el valor para la entrega final? ¿Mis dudas se disolverían en la piedad del Ser? Y si tú me enviaras a predicar en medio de las plagas del cólera, del ébola, del HIV, en el África meridional ¿tendría la fuerza y la paz para no revelarme contra la vida? ¿Abrazaría la existencia sin expectativas y reclamaciones? ¿En dónde estará mi refugio y fortaleza? ¿Dónde terminan mis miedos y temores? ¿Te negaría tres veces? ¿Por qué estas preguntas me hacen sentir tan cerca de lo eterno y, sobre todo, lejos de lo falso y lo corrupto? Creo que en medio de la incerteza está la pista —tú merodeando en mí y yo testigo de mí mismo. Y este tránsito andariego y solitario debe ser la silenciosa fe de los profetas.

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Carlos, muchos de nuestros amigos me toman por ateo. En verdad yo solo creo en el arte; pero ellos podrían considerarme mejor como un agnóstico, y con un  pavor extremo a los curas de todas las religiones. Mira, hablando de estos temas te digo que eso de que el realismo mágico fuera creado por Gabo, con ayuda de algunos cubanos, es pura ilusión. No hay historia más mágica que la natividad, narrada en el nuevo testamento. Eso de que el redentor del mundo naciera en un pesebre, bajo los rigores de un clima insano, que sus primeros visitantes fueran unos pastores con el corazón más puro del mundo (algo prácticamente imposible de encontrarse en estos tiempos), y que una estrella guiara por geografías inhóspitas a tres magos, con la verdadera misión de salvar la vida del infante, es la cosa más sorprendente que haya creado la literatura en toda la historia. Y todo eso de por sí ya la torna verdadera, desde el punto de vista artístico. Tan verdadera como la ascensión de Remedios la bella, que sólo pudo ser observada en su plenitud por Úrsula, una anciana casi ciega. Una historia tan breve, tan poética, y con tanta simplicidad toca el corazón hasta de un viejo agnóstico como yo. Para mí los creadores del realismo mágico fueron Juan evangelista y sus colegas (conversaciónes con César Giraldo, años 90).

(Brasilia, marzo de 2021).