domingo, 4 de septiembre de 2011

Pasantía


ausculto algo y todo
–en vida simple–
a pasos enlazados
rastros asimétricos
ritmo casi-cadenciado.
toco tu piel con cinco:
–dedos alargados– 
contornando tu cuerpo
con acordes pentatónicos
–bien semi-arpegiados–
un toque atrás de otro
comenzando con el más grave
terminando con el más fino
...todo pasa y se detiene
continuando de otro lado
así como se oculta el sol
en el hemisferio opuesto
...a cada amanecer:
cuando sientes la aurora
y ves algo de humedad
en una hierba matinal
............................
(Brasilia agosto de 2011)



domingo, 10 de julio de 2011

Corazón y vida

(a Facundo Cabral)


dime qué quieres traspasar ahora corazón

para ponerlo en papeles hechos de pétalos

de flores salvajes recogidas en tu sinuoso

caminar por este raro laberinto, cuyo final

se pierde en el crepúsculo de una tarde ida


dime que sientes y persigues ahora corazón

para escribirlo en el libro de expectaciones

–hecho in situ de crepúsculos de feroces tardes

de este enredo, cuyo comienzo se promueve

en el albor claro de una mañana desaparecida


dime que extrañas y añoras ahora corazón:

el canto fuerte del artista errante, de palpitar

sinuoso y sincopado, grabado sobre dóciles

pétalos de rosas escrito con sangre de la vida

(diluyéndose en una noche pródiga y estelar)


...........................

(Brasilia, junio de 2011)

viernes, 24 de junio de 2011

Poema antibucólico

I

No me digan que me quede inerte, pues causa y efecto me son imprescindibles para comprender el mundo. Fisgo el viento que balancea las ramas de un guayacán erguido en el campo: el viento mueve sus ramas en movimientos fortuitos e indefinidos. Paréceme que tienen vida propia, que el movimiento les es intrínseco, que brota mismo –dentro de ellas. Ahora me parece que las ramas conversan entre si y con otras ramas de otros árboles contiguos. Si no supiera lo del tal viento juzgaría que están todas ellas jugando y conversando. Conociendo el viento y sus efectos puedo inferir la causa como externa.

II

El viento tiene la causa, el árbol tiene sus motivos (para moverse): su rigidez propia, su geometría, su sustentación sobre el piso dada por la profundidad y por la fuerza heroica de sus raíces. Me gustaría tanto ver las raíces de ese árbol … de estar junto a ellas, acompañándolas en su movimiento lento para adentro, escrutando palmo a palmo cada partícula de tierra, buscando el sustento microscópico, sin desespero –con que paciencia y fortaleza. Paréceme que su sabiduría se resume en eso: paciencia, fuerza y la percepción inflexible de que todo fin envuelve ir, anónima y solitariamente, hacia el fondo. Todo me parecería pacífico y sereno si no supiera que detrás de toda búsqueda hay algo de angustia sempiterna.

III

Mas el árbol se mueve, aún sin el viento… El movimiento del árbol sin viento es supremamente lento, casi inanimado, sólo percibo que toda calma es aparente, todo es velocidad, de algo que se mueve inexorablemente: las ramas crecen, las raíces se ahondan. Sobre ese tenso movimiento, imperceptiblemente están montados los movimientos producidos por el viento y por la condición del árbol. Otro árbol baila al lado ante mis ojos de manera diferente, el viento choca con sus ramas cambiando así la condición del viento. Ahora el viento será diferente cuando llegue a otras ramas, a otro árbol. Todo esto me parecería festivo y alucinante si no supiera que detrás de todo juego hay aprendizaje y olvido de alguna angustia perenne y huidiza.

IV

Qué deseo interminable el de las ramas:

de brincar para arriba. Qué deseo inexorable:

de las raíces ir voluntariamente para adentro.

Qué deseos tensos, qué designios enteros

y contrapuestos sustentan su estructura!

Todo me parecería pacífico si no supiera ahora

que detrás de todo deseo hay algo de algún

matiz indefinido, misterioso: de angustia duradera.

V

Causa y efecto persistentes, ahora percibo en el árbol dos nuevos movimientos: sus partes deteriorándose y sus semillas evocando el nacimiento. Si todos los otros movimientos, con sus velocidades y posiciones –perceptiblemente volubles– cesaren resta entonces el nacimiento como respuesta al deterioro. Todo esto me parecería serenamente pastoril si no supiera que detrás de todo nacimiento hay también algo de angustiante búsqueda –de quieta angustia perdurable.

VI

No me digan que me quede quieto!

pues detrás de toda angustia hay siempre un movimiento.

Díganme que me quite la angustia desde adentro,

en el silencio de una pausa de un poema duradero,

en la experiencia de una mano amiga, de un toque furtivo,

de un fisgar en una pintura, en algún libraco,

del Combatente Téméraire de Turner,

en un confronto con la Niña en Azul de Modigliani,

en la eschucha de una sonata de Scarlatti

(K 87 en Si menor tocada por Horowitz)

en la vivencia de un mantra sagrado y oriental,

en el bálsamo de una promesa amiga y leal.

En el olvido de una historia errante –que retorna

asiduamente siempre en mi cabeza,

en la omisión de un vaticinio de mal agüero:

aquel del que hizo caso omiso Aníbal en la batalla de Cannas

y cuyo facto puso a Roma casi de rodillas.

Díganme que me quite la angustia en la lectura

cuasi-silenciosa de un verso de Mario Quintana,

de Keats, de Donne, de Murilo Mendes, de León de Greiff,

de un trecho del cantar de los cantares,

en la evocación del sermón de la montaña

o en el desprecio de Aníbal por la victoria

(que fue su ruina y salvación provisoria de Roma).

Díganme que trascienda todo amanecer

y todo anochecer transitorios, evocados en mil gestas:

en una victoria y en un amorío de Bolívar,

en una escaramuza de Orde Wingate, de Genghis Khan,

en un grito gay de Ginsberg, de Gore Vidal,

en la desilusión política de Italo Calvino,

en la mirada de Elsbeth Tucher –retratada por Dürer,

en las lágrimas del apóstol Pedro captadas por el Greco,

en la perspicacia de que toda lucha es temporaria

y todo descanso efímero y perecedero.

Sólo díganme que me quede quieto

si tengo tu Presencia íntegra y gentil:

aquella mirada vigilante, cómplice y total.

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(Brasília, junio de 2011)

sábado, 18 de junio de 2011

Esa lágrima y Cora Coralina


(a Cora Coralina, poetisa brasilera)


Un verso de Cora Coralina,

coral húmedo, coral fuerte:

“vive dentro de mim

uma cabocla velha

de mau-olhado

acocorada ao pé do boralho,

olhando para o fogo...

Vive dentro de mim

a lavandeira do rio vermelho

Seu cheiro gostoso

d’agua e sabão…”

Una lágrima de Cora Coralina

coral fuerte, coral húmedo:

nao fluctuante, nau impávida

lágrima objeto ... en el agua,

barcaza que navega en el alma

ese pasajero itinerante –lento,

casi fijo en tu rostro, errante

al garete, nadando en el caldo etéreo

de tus lágrimas cálidas: sal

fricción, roce, piel y desliz.

Tibio mar, barcarola deslizante

al agua errante al garete:

mar, esa agua, ese lago,

esa lágrima… esa salobre

desnudez del alma.

.......................

(Brasilia, junio 2011)

domingo, 12 de junio de 2011

Roces y palabras (variaciones sobre un tema de Octavio Paz)


I

De la misma forma que la fricción permite implementar el freno sobre una superficie, la misma impide el desliz libre y sin tropiezos.

II

La fricción de la palabra en un verso alejandrino:

la rima acentuada, la métrica, el ritmo, el transcurso…

la palabra no dicha un mar de pausas y de lapsos.

Parar cuando se quiere, andar sin trabamientos,

sólo el poema sabe parar el alma donde quiere

(y se resbala en ella por doquier y con sigilo)

El poeta coloca el ritmo como puede:

las palabras son señales, punteros vagos de un reloj

que marcan el tiempo en un lugar cualquiera.

Ahora tu mirada me revela en un instante:

las palabras se detienen, las pausas se deslizan

(...aquí verso y sentido nacen libres)

......................

(Brasilia, junio de 2011)

sábado, 16 de abril de 2011

Murilo Mendes, un poeta brasilero


La vida del brasilero Murilo Mendes ilustra, de cierta manera, los misterios de la vocación de poeta. Contestatario, eterno buscador del fondo de las cosas, incapaz de quedarse satisfecho con lo superficial, con las formas sin sentido, con los convencionalismos, con los clichés, con el farisaísmo de la sociedad burguesa en la que lo tocó vivir. Se consideraba inútil para hacer cualquier actividad que no fuera la poesía; en este sentido hizo esfuerzos infructíferos para convertirse en mecánico, farmaceuta, telegrafista, bibliotecario y dentista. Fue amigo del también poeta Jorge de Lima, con el que escribió un libro de poemas en conjunto. Los dos artistas tuvieron crisis existenciales relacionadas con pérdidas de seres queridos, lo que los aproximó de lo trascendente, de lo espiritual. 

Vivió muchos años en Europa, en donde llegó a ser profesor de literatura brasilera. “La poesía es una llave del conocimiento del universo, como la religión y como la ciencia, y no puede, por consiguiente, ser relegada a la condición de un pasatiempo frívolo”. Así expresaba el artista su respeto por la labor de poeta. A pesar de ser considerado perteneciente al movimiento modernista brasilero, muchos lo consideraban un independiente; hasta el propio poeta Manuel Bandeira llegó a afirmar que Murilo Mendes extraía todo de dentro de sí, como por analogía lo hacía el gusano de seda. 

Desde hace varios años he querido traducir el poema “Mapa” de Murilo Mendes, que marca un momento especial en la poesía brasilera (hago aquí una tentativa). Texto pleno de descripciones sinceras sobre los vericuetos internos de la psiquis del artista, trayendo a la luz su rebeldía, sus angustias, sus preguntas, su coraje, su compasión por los desafortunados de la vida. Un posible mensaje: el ser humano como cíclica transformación, en donde la voz de la poesía puede hablar más fuerte que los dogmas.
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Mapa (de Murilo Mendes)
Me pegaron al tiempo, me pusieron
un alma viva y un cuerpo desarticulado. Estoy
limitado al norte por los sentidos, al sur por el miedo,
al este por el Apóstol San Paulo, al oeste por mi educación.
Me veo en una nebulosa, rodando, soy un fluido,
después llego a la conciencia de la tierra, ando como los otros,
me clavan en una cruz, en una única vida.
Colegio. Indignado, me llaman por un número, detesto la jerarquía.
Me pusieron el rótulo de hombre, voy riendo, voy andando, a los trancos.
Bailo, río y lloro, estoy aquí, estoy allí, desarticulado,
gusto de todos, no me gusta nadie, trabajo con los espíritus del aire,
alguien de la tierra me hace señales, no sé más lo que es bien
ni lo que es mal.
 
Mi cabeza voló por encima de la bahía, estoy suspendido, angustiado, en el éter,
tonto de vidas, de olores, de movimientos, de pensamientos,
no creo en técnica alguna.
Estoy con mis antepasados, oscilo en arenas españolas,
es por eso que salgo a veces combatiendo personajes imaginarios,
después estoy con mis tíos locos, dando carcajadas,
en la hacienda, tierra adentro, mirando los girasoles en el jardín.
Estoy en el otro lado del mundo, de aquí a cien años, levantando poblaciones…
Me desespero porque no puedo estar presente en todos los actos de la vida.

¿En donde esconder mi rostro? El mundo baila samba en mi cabeza.
Triángulos, estrellas, noche, mujeres andando,
presagios brotando en el aire, diversos pesos y movimientos me llaman la atención,
el mundo va a cambiar la cara,
la muerte revelará el sentido verdadero de las cosas.

Andaré en el aire.
Estaré en todos los nacimientos y en todas las agonías,
me anidaré en los amparos del cuerpo de la novia,
en la cabeza de los artistas enfermos, de los revolucionarios.
Todo trasparecerá:
volcanes de odio, explosiones de amor, otras caras aparecerán en la tierra,
el viento que llega de la eternidad suspenderá los pasos,
danzaré a la luz de los relámpagos, besaré siete mujeres,
vibraré en los puteros del mar, abrazaré las almas en el mar,
me insinuaré en los cuatro rincones del mundo.

Almas desesperadas, yo os amo. Almas insatisfechas, ardientes.
Detesto a los que se esconden,
los que juegan de cabras ciegas con la vida, los hombres “prácticos”…
Viva San Francisco y varios suicidas y amantes suicidas,
los soldados que perdieron la batalla, las madres bien madres,
las hembras bien hembras, los locos bien locos.
Vivan los transfigurados, o porque eran perfectos o porque ayunaban mucho…
viva yo, que inauguro en el mundo el estado de desorden trascendente.
Soy la presa del hombre que fui hace veinte años atrás,
de los amores raros que tuve,
vida de planos ardientes, desiertos vibrando bajo los dedos del amor,
todo es ritmo del cerebro del poeta. No me inscribo en ninguna teoría,
estoy en el aire,
en el alma de los criminales, de los amantes desesperados,
en mi modesto cuarto de la playa de Botafogo,
en el pensamiento de los hombres que mueven el mundo,
ni triste ni alegre, llama con ojos andando,
siempre en transformación.
...................................
(Traducido por Carlos Humberto Llanos)

jueves, 14 de abril de 2011

Memorias troveras de un cuasi ciego


(del príncipe Rama cuando perdió su amada Sita)

Perdiste tu amada por seguir
un venado de oro...
–y de piedras preciosas– 
Una cosa así no existe, Rama: 
seguí un venado de oro y 
me perdí en la inconciencia 
tornándome un cuasi-invidente

………………

Ciego como el tebano Tiresias –que fue testado con un laudo ¿vio por acaso a Venus desnuda o tuvo que decidir por algo? –mejor le sería elucubrar la vida entera... También por un acaso el tebano fue mujer –por fortuna– durante varios años, dando otro fallo honesto: tuvo que decidir si sentía más que cuando era un macho. La respuesta fue obvia: mujer es cierto enigma total y el placer le cabe más, pues se le posa en la piel. Y la sentencia fue clara –d'esta fabla funesta: no vendrá más luz de otrora. Mis ojos sólo atingirán a lo que ya era invisible de antaño y, perdiendo así la vista, gané cierto tipo de clarividencia…

II
Estoy ciego como lo estuvo Catulo, 
perdido por un amor incierto 
(...viuamus, mea Lesbia, atque amemos!) 
...y un tanto por esto 
decidí perderme altivo. 
–convertí así mi vida 
en el vestigio de un verso– 
ciego como el viejo Homero 
cantando historias y cuentos
III


Sin vista te me convertirás en recuerdos, tu imagen se me volverá memoria ¿seré ahora libre para recrearte? Habitaré el mundo de las vistas sin formas, el reino del son, de los matices –de los olores– el ambiente del sabor y del tacto, aquel espacio de la trova sin cifras. Tocaré tu cuerpo (ese arawi aimara, ese kiphu del quechua) y no veré contornos ... sólo piel sin fronteras.

……………

Permanezco límbico como cuando –sin cogitar nada– 
auscultaba algo en tus ojos.
...............................
(Brasilia, mayo de 2011)




domingo, 6 de febrero de 2011

Divagaciones sobre el discurso poético (la lira y el tambor)


El imperio de los signos es la prosa: la poesía está más del lado de la pintura, la escultura y de la música. El poeta considera las palabras como cosas reales, como objetos simbólicos y no sólo como signos. Las palabras toman el papel de las formas, de los sentidos, de los sin-sentidos, de los colores, de los sonidos, de los olores; se agrupan, se atraen, se repelen, se repiten (recursivamente), se inflaman y su asociación compone la verdadera unidad poética que es la frase-objeto (que usaremos como sinónimo del verso). Esta última es sustentada por el océano de las pausas y silencios.

Podríamos agregar, que en el poema las palabras se asocian de manera asonante o disonante, pudiendo aparecer solas como sustantivos, verbos o acompañadas por calificativos (¿sólo adjetivos?), y tienen ritmo, aún en el caso en que aparezcan solitarias. Agregaríamos que un énfasis cualitativo o cuantitativo en estos aspectos nos darían los efectos de algunos movimientos artísticos bien asociados a la poesía: surrealismo, impresionismo, futurismo, expresionismo, concretismo, etc.

Poetas como E. E. Cummings consiguen fragmentar aún más la unidad básica de la poesía (en este caso, las palabras). Para Cummings la unidad básica es el fonema, lo que permite una proximidad más intima con la música. Por otro lado, la aproximación de la poesía con las artes visuales tiene como base los recursos tipográficos y sobre todo el uso espacial del papel (esto queda ahora más potencializado por el uso de los recursos del computador). La hoja en blanco (física o de un editor de texto) deja de ser un simple elemento material para ser borroneado, pasando a ser un plano sobre el cual los elementos léxicos son colocados para formar una composición. El uso de elementos gráficos, introduciendo técnicas de composición usados por pintores, fotógrafos e inclusive cineastas (el colage, el montaje, la fusión de imágenes y el close-up) es bastante conocido, discutido y también criticado; creando nuevas vertientes, con nuevas potencialidades en los aspectos semánticos.

En la prosa se dice algo con las palabras. En la poesía las palabras dicen algo per si, más allá de su significado gramatical, pudiendo llegar hasta trascender el plano simbólico. En las palabras de Octavio Paz: “La poesía siembra ojos en la página, siembra palabras en los ojos. Los ojos hablan, las palabras miran, las miradas piensan”.

En el aspecto creativo nos parece que existen diferencias importantes entre el escritor/prosa y el escritor/poeta. No nos detendremos para discutir cómo se escribe una prosa, pero nos queda claro que un prosista necesita por lo menos contar una historia. El poeta suele decir cosas sin contarlas, yendo más allá de los argumentos, de los sentidos espacial y temporal impresos en el texto.

En el acto del hacer poético nos parece que la poesía emerge como las erupciones solares y volcánicas, intempestivamente, y que la vivencia inspiradora consiste de estar en el lugar y en el momento cierto –en el ejercicio de la creación artística. En este aspecto tendríamos una visión polémica con relación a la mitología griega: la poesía tendría un aspecto solar ligado a Apolo y un aspecto terreno ligado a Dionisio. Aquí intentamos conciliarlos, al asociar la poesía a las erupciones que concentran un aspecto luminoso, pero también transformador (para no llamarlo de destructivo…). Apolo representa la divinidad solar, el oráculo, el control sobre las emociones por el conocimiento profundo, la sublimación, el ritmo acentuado, el equilibrio, la armonía, el espíritu, la unidad -la lira. Dionisio (su hermano) representa lo terráqueo, el laberinto, el exagero, las emociones, la embriaguez con las formas, los colores, los olores, los licores… el ritmo violento y descontrolado, la fertilidad, la manifestación, la diversidad  -el tambor. Pero nos queda claro que tanto los aspectos apolíneos como dionisíacos hacen erupciones.

Para discernir un poco más sobre aspectos del discurso poético usaremos los términos exactitud y precisión asociándolos con aspectos prácticos bien conocidos en las ciencias naturales (por ejemplo, la física, la química y la biología) y en la ingeniería. Por ejemplo, en el área de la instrumentación, en donde es necesario tomar una medida sobre una grandeza física (por ejemplo, temperatura, presión, humedad, entre otras) aparecen los conceptos de exactitud y precisión de una medición experimental (y que nos atreveremos a introducir aquí en el análisis sobre el discurso poético).

Exactitud se refiere a cuan próxima está una medida sobre un valor real (previamente conocido y aceptado por consenso), y en este caso llamaremos al resultado experimental de “lectura”, para aproximarnos más del discurso poético. Por otro lado, la precisión indica cuan cerca están entre sí los valores medidos por un instrumento que es excitado por un mismo valor de entrada. Esto indicaría la capacidad de repetibilidad de los instrumentos, lo que nos daría una confianza en los valores medidos. En el concepto de exactitud tenemos un acto de fe en una referencia que aceptamos como real, y la proximidad entre lectura y el valor de referencia se nos aparece aquí en un dominio espacial. En el concepto de precisión la proximidad de verifica de una manera relativa, indicando si las diversas medidas, realizadas en un dominio temporal, están próximas entre sí. En este caso tendremos confianza en el conjunto, hay algo coherente en el experimento, lo cual aumenta nuestra fe en el instrumento, a pesar de la ausencia de una referencia concreta y absoluta. El análisis de la precisión nos remite inexorablemente al dominio temporal, en el cual las diversas medidas son realizadas.

El término “lectura” comentado aquí por nosotros (en el caso de la instrumentación) puede ser utilizado –por su analogía– para discernir sobre el ejercicio que el lector hace sobre un texto poético: las palabras se le aparecen con una determinada exactitud, puede ser gramatical, próximas de una realidad, que tiene que ver con el sentido infundido por el poeta y que podría, eventualmente, ser aclarado por él mismo y por los críticos especializados (hay una distancia entre lo que el lector observa y lo que el poeta quiso infundir en el texto). En realidad esa lectura es un ejercicio de algo, que se muestra también como un acto creativo, el poeta que está siendo interpretado por el lector, en el dominio espacial (el texto) y en el dominio temporal (el instante de la lectura o de la evocación del poema, al fin y al cabo la lectura y/o evocación es secuencial, en algún nivel).

Adicionalmente, las palabras (el verso, la frase-objeto) aparecen con características de precisión. Podemos repetir la lectura de las mismas varias veces y su significado puede ser diferente en cada una de ellas. Podemos tener una convergencia o una divergencia en las lecturas, que hace parte del poder del discurso poético y que en nuestra opinión potencializa el acto creativo del mismo.

Los dos dominios espacial y temporal citados aquí podrían ser analizados más profundamente teniendo en cuenta elementos que aumentarían sus complejidades. Por ejemplo, en el dominio espacial tendríamos elementos de paralelismo visual, que son usados de manera creativa en poetas como E. Pound, E. E. Cummings y los concretistas brasileros (o los propios simbolistas), así como la abolición de reglas sintácticas tradicionales del lenguaje. En el dominio temporal tenemos los temporalmente flexibles aspectos sociales, culturales y psicológicos envueltos en el instante de la lectura, que vienen a enriquecer, o al menos alterar, el significado y efecto del texto.

La poesía, en este contexto, incluye una compleja interacción entre dos actos creativos reales: el del poeta y el del lector. Los dos tendrán que poseer ciertos méritos para que el poema se revele a través de una secuencia de actitudes, cosas y de hechos: mucha atención, una erupción -una lira y un tambor.

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(Brasília, febrero de 2011)